Mitos Renacidos III: Complaciendo a un Dios

Mitos Renacidos III

Complaciendo a un Dios

 por Toni Ranchal

SONY DSC

La desesperación le había llevado a esa situación, todo se había precipitado y ahora Owen estaba huyendo de la ciudad. Mientras conducía aún se preguntaba por qué había sucedido.

Era un padre de familia normal, tenía mujer e hijos y cumplía con sus responsabilidades. En la fábrica de coches no ganaba un gran sueldo, pero era suficiente para llegar holgado a fin de mes, y aunque la cadena de montaje era lo más monótono del mundo,  era feliz allí. Cada día charlaba con los compañeros durante la hora del almuerzo, y casi todos mantenían muy buena relación, en la fábrica se respiraba compañerismo, Owen se esforzaba para que todo se mantuviera así. Era un hombre de unos 45 años, media 1’80, y se mantenía en forma saliendo a correr cada mañana, tenía el pelo corto, castaño y lucía una barba del mismo color, que ya empezaba a teñirse de gris a causa de sus canas. Era muy buen trabajador y se había ganado con creces ser el encargado de la planta B, cada año conseguía que su planta superara el beneficio del año anterior, y se sentía muy orgulloso de ello.

El país estaba en recesión, o eso decían los políticos, y lo repetían una y otra vez, manifestaciones en la calle, robos, atracos, todo se estaba yendo al carajo en Grecia. La fábrica de coches era de las pocas empresas con beneficios en el país. Habían hecho llamar a Owen esa mañana, era una reunión urgente, y eso no le gustaba. Al entrar al despacho del director se encontró con una situación que no esperaba. Uno de los jefazos de la compañía, un joven con porte altivo y aires de superioridad estaba en el despacho, junto con el director y el encargado de la planta A. La reunión fue corta y las noticias malas, la compañía iba a trasladar la fábrica a la India, donde conseguirían muchos más beneficios, la decisión estaba tomada y esa reunión era solo para informar de la decisión. Owen no podía entender lo que sucedía, cada año conseguía que sus trabajadores trabajaran más que el anterior, seguía dando beneficios en una época como aquella y todo eso no servía de nada. Por su cabeza empezaron a pasar muchas cosas, la navidad se acercaba, sus hijos, su mujer, sus empleados, como iba a decírselo, como iba a encontrar otro trabajo en la situación en la que se encontraba el país; poco a poco y ausente a lo que sucedía a su alrededor, iba aumentando su rabia, el director y el otro encargado intentaba convencer al directivo para que cambiara de decisión, pero este no dejaba de sonreír y decir que no había marcha atrás, incluso se le escapo una carcajada al ver como casi llegaban a suplicarle por que cambiara de opinión. Esa fue la gota que colmo el vaso, en ese preciso instante Owen se levantó de la silla y  grito.

-¿¿Crees que puedes venir aquí y romper todo por lo que llevo luchando más de veinte años?? Los tres miraron a Owen con cara de incredulidad.

-Si, por supuesto que sí que puedo, de hecho ya está decidido, y no puedes hacer nada por cambiarlo. Dijo el joven.

Owen cerro los puños y apretó con fuerza, y con una rabia desmesurada golpeo al muchacho con una fuerza que parecía no podía estar en el cuerpo de un hombre. El directivo voló por los aires más de 2 metros y cayo golpeándose en la nuca con la esquina de la robusta mesa del director, el impacto fue muy violento y el muchacho murió en acto, quedando con la cara destrozada por el impacto del puñetazo del Owen y la nuca hundida al frenar toda la inercia que Owen había propinado sobre su cabeza.

Después todo fue silencio. Owen se había dejado llevar por la rabia y había protagonizado un incidente del que se arrepentiría toda su vida. La policía estaba apuntó de llegar y Owen les esperaba sentado en el despacho del director arrepintiéndose por lo que acaba de suceder. Cuatro agentes de policía y un inspector aparecieron en el despacho, Owen permanecía sentado con la cabeza gacha.

-¡Detenedlo! Ordeno el inspector.

Los agentes levantaron a Owen y le esposaron con las manos en la espalda. Entonces oyó como una voz le hablaba en su cabeza.

-No lo hagas, no te rindas o tu familia sufrirá las consecuencias, mátalos a todos, compláceme y te prometo que velare por tu familia el resto de tu vida.

Miro a su alrededor, dos agentes le cogían y le empujaban hacia la salida, entonces sus ojos encontraron los del inspector, unos ojos grises que parecían carecer de alma, era un hombre de unos 40 años,  de 1´75 de estatura, ancho de hombros y una barba bien recortada de color rojizo, vestido con una gabardina marrón oscura y un traje gris con chaleco. La mirada lo penetro hasta lo más profundo de su interior.

-¡¡Hazlo!! Le repitió la voz. –Hazlo y me asegurare de que todo les vaya bien.

En ese momento Owen cogió impulso echando su cabeza hacia delante, para luego impulsarla hacia atrás como una exhalación, el golpe dio de lleno en la cara del policía que no esperaba nada, e hizo que cayera con un grito de dolor, sangrado por la boca y la nariz, Owen se dejó caer encima del policía dando una voltereta hacia atrás y pasando sus manos esposadas por debajo de sus pies, consiguiendo tener los brazos hacia delante. Los otros tres policías actuaron de inmediato, dos se abalanzaron sobre él mientras un tercero desenfundaba su pistola. La pirueta que hizo Owen le dejo justo al lado de la silla donde antes se sentaba, la agarro y se la hizo estallar en las costillas al uno de los dos policías que intentaba reducirlo, dejándolo tendido en el suelo retorciéndose de dolor, el otro agente consiguió derribar al Owen con su placaje, golpeándose ambos contra la mesa del despacho, justo al lado del directivo que yacía muerto, con la ropa llena de sangre. Owen había conseguido mantener en la mano una de las patas de madera de la silla que había roto, ahora esta se había convertido en una estaca, Owen alzo las manos esposadas, mientras el policía le propinaba un puñetazo en la cara, con un chillido bajo la estaca con todas sus fuerzas sobre el rostro del policía que tenía encima, el arma se clavó en uno sus ojos y le atravesó la cabeza, haciendo que el hombre cayera sin vida hacia un lado y creando una escena dantesca. El tercer policía disparo su pistola tres veces, pero solo uno de los disparos acertó en el blanco, e hirió a Owen en un brazo. Rápidamente este desenfundo el arma del agente que tenía encima y disparo al policía que le estaba a punto de disparar por cuarta vez. Un solo disparo salió de la pistola de Owen, pero acertó de lleno en la cabeza del agente, cayó muerto.

El director permanecía en la habitación  observando atónito la escena, pasaron dos segundos hasta que comprendió lo sucedido y comenzó a correr hacia la puerta, un disparo le impacto en la espalda, pero este no era de la pistola que Owen aun sostenía en las manos, sino del detective que parecía había desaparecido durante el combate, dos tiros más después, el director cayó al suelo desangrándose sin vida. El detective miro el arma con cara de asombro, parecía que le gustaba la pistola que tenía en las manos, la miraba como si no hubiera utilizado ninguna antes, mato a los otros policías que intentaban incorporarse, un disparo a cada uno, justo en el corazón. Después miro a Owen sonriendo.

-Muy bien, has sabido complacer al Dios de la Guerra, cosa que no es nada fácil, ¡Jajajaja!, rió el hombre.

-Ahora mantente con vida, necesitare auténticos guerreros como tú para la batalla que se avecina.