El Concurso II

Torneo de Influencia Ganado por Cristian Monfort en Barcelona. Decidió a favor de la mitologia de Japon.

El Concurso II

de Marcus Gomez

Londres había hervido como nunca durante los dos últimos días. La emisión del programa matinal se había convertido en uno de los vídeos de Youtube más visitados de la historia y no quedaba ni un solo habitante en todo el país que no estuviera al tanto de los recientes acontecimientos. Siendo así, en la mañana del día señalado, la marabunta británica empezó a concentrarse en los alrededores del Big Ben, colapsando por completo las calles y obligando a las autoridades locales a distribuir prácticamente la totalidad de sus efectivos por la zona.   En la base misma del emblemático reloj se había dispuesto un escenario cuya apariencia recordaba a un plató televisivo en el que fuera a desarrollarse un debate político. A su alrededor, varios técnicos de sonidos instalaban enormes altavoces mientras un cuantioso grupo de seguridad mantenía una línea de defensa contra los alterados seguidores que blandían carteles y gritaban como las groupies de un concierto.   Loki lo observaba desde su trono en lo alto del Shard Bridge con una sonrisa en los labios. Todo estaba aconteciendo como había previsto. Los hechos se sucedían uno tras otro como notas musicales en un pentagrama en el que había escrito su extraordinario plan. El momento culmen se acercaba y le tocaba a él interpretar el solo.   Entretanto, Tengu se había mezclado entre el gentío manteniendo su presencia invisible a ojos humanos e intentaba identificar y entender la fuerza que movía a semejante turba. Se comportaban como si hubieran perdido cualquier resquicio de sentido civilizado, enfervorizados por la repercusión de los acontecimientos que estaban a punto de suceder. Desde que había llegado a Londres todo le resultaba extraño y confuso y ante aquella situación no podía más que dejarse guiar por su instinto. Y su instinto le advertía de que no confiase en aquel dios nórdico, por ese motivo decidió permanecer oculto y esperar a que su contrincante moviera ficha y revelase la verdad de sus intenciones, como si estuvieran jugando una partida de shōgi.   Llegado el momento, el presentador televisivo cuya fama se había propulsado hacia la cima gracias al programa emitido dos días antes, subió al escenario acompañado por el griterío y los aplausos de la masa. Les observó sonriente, sintiendo como el corazón le palpitaba con fuerza embriagado por el éxito. Todo estaba sucediendo como Loki le había prometido. Su caché se había disparado y varios de los dirigentes más importantes de los medios de comunicación se peleaban por contratarle. Pronto se convertiría en una de las personas más influyentes del país.   Los realizadores le informaron por el comunicador que llevaba en la oreja de que todo estaba listo. Decenas de cámaras enfocaban el escenario desde todos los ángulos posibles retransmitiendo para todas las cadenas del país y varias internacionales e incluso se había programado una intervención del primer ministro para dar la bienvenida a aquellos seres de leyenda.   “¡Buenos días Inglaterra!” La gente respondió a gritos con entusiasmo. “Esta mañana queridos conciudadanos haremos historia. Lo que hoy suceda aquí cambiará la vida de muchos y será inmortalizado a través de los años venideros como un punto crucial en la historia de nuestra amada nación. Tenemos con nosotros a un invitado muy singular, un auténtico Dios del pasado que ha venido a bendecirnos con su presencia. Demos una cálida bienvenida al todopoderoso Loki de Asgard!”

La multitud empezó a chillar de nuevo. En ese momento una figura descendió de los cielos flotando grácilmente: un titán ungido en una resplandeciente armadura de la que manaban destellos dorados. Cubría su cabeza con un imponente casco del que surgían dos largos cuernos curvos apuntados hacia el cielo y de su espalda caía una larga capa oscura que ondeaba con el viento.    Tocó el suelo junto a Jeffrey Northman como si acabara de bajar un escalón en lugar de caer desde las alturas y observó a la multitud que aclamaba su nombre con una carismática sonrisa de perfectos dientes blancos. Le sacaba dos cabezas al presentador y su presencia era tan imponente que nadie se hubiera atrevido a negar la divinidad de su condición. En ese instante sopló un fuerte aire sobre el escenario y su capa ondeó con fuerza revelando la bandera de Inglaterra que teñía su lado interior. Hubo ataques de histeria, desmayos y lloros por doquier y las fuerzas de seguridad se vieron abrumadas por la reacción del público ante semejante despliegue patriótico.   Dígase algo de Loki Hijo de Fárbauti: Sabía cómo hacer una entrada.   “Pueblo de Londres, me alegra que hayáis podido venir hoy.” -dijo, y su voz retumbó con fuerza inhumana pese a no usar micro- “Hace dos días me presenté ante vosotros portando una promesa que a muchos os habrá parecido extraña, la promesa de un regalo. Primero debo confesaros que hace tiempo que me encuentro en Londres, oculto entre vosotros observando vuestras vidas, vuestras costumbres y vuestra cultura. Pero sobretodo, observando a vuestros dirigentes. Primer Ministro, ¡suba al escenario si es tan amable!”   Pasó más de un minuto antes de que la figura del primer ministro apareciera desde detrás del escenario con una sonrisa petrificada en el rostro. Realización le comunicó a Northman de que aquello no había sido programado y que debería intervenir en caso de que algo no saliera como es debido.   “Buenos días Señor Loki. -empezó el jefe del gobierno británico- Es para mí un honor darle la...”   “Le agradezco sus palabras Primer Ministro pero no es a mí a quien debe dirigirlas.” -interrumpió Loki- “Le he pedido que subiera para que pudiera contemplar el rostro de Londres.” -señaló a la multitud agolpada cuya extensión se perdía entre los edificios colindantes- “Quiero que les cuente a sus ciudadanos, aquellos que le eligieron democráticamente y que están aquí presentes, por qué está su gobierno atendiendo las demandas del comité administrativo de las principales bancas, las compañías energéticas y las explotadoras petrolíferas, cuando ello conlleva incumplir reiteradamente sus promesas electorales e irrumpir en drásticas medidas que socavan la seguridad de su pueblo.”   La multitud calló de golpe y el silencio consecutivo fue como el caer de una enorme losa de piedra sobre todos los espectadores. La sonrisa del líder británico se desvaneció como había hecho el griterío y el pinganillo de Northman empezó a zumbar con urgencia para que interviniera de inmediato. Él lo ignoró.   “¿Cómo dice?” -respondió el inquilino del número diez de Downing Street-   “Quiero que dé explicaciones Señor Primer Ministro sobre lo que he dicho y sobre todos los casos de corrupción que empañan su gobierno sin que ni uno solo de sus miembros haya sido juzgado por ellos.”   Loki chasqueó los dedos y en el escenario aparecieron montañas de papeles y discos duros apilados en columnas.   “¡Documentos, certificados, contratos, transacciones!” -siguió- “¡Todos ellos ilegales de una forma u otra, todos reflejos de los actos corruptos de su gobierno decadente! ¡Usted y los suyos creían que podían ocultarlo a su pueblo pero no pueden ocultarlo a un Dios! Todos y cada uno de los ciudadanos de esta noble nación acaba de recibir en sus correos electrónicos un detalle de todos sus actos ilícitos, incluyendo violaciones de la ley de otra índole, como comportamientos sexuales amorales, financiación con fondos públicos a dictaduras fundamentalistas e incluso asesinato.”   El primer Ministro había palidecido de golpe e intentaba cortar a su interlocutor pero su voz apenas era audible ante el vozarrón que salía de los labios del Dios. Miró a un lado y a otro en busca de soporte y finalmente abandonó con prisas el escenario.   Millones de personas estaban siendo testigos de ese evento, ya fuera de forma presencial o a través de la televisión. Varias cadenas habían suspendido en ese momento su emisión por orden política pero los medios independientes la mantenían a través de internet. En ese instante la red fue saturada por un envío masivo de datos a cada uno de los correos electrónicos registrados en el Reino Unido. Los móviles y las tabletas de los asistentes al evento empezaron a sonar como locos en un coro digital que acalló  los ruidos de la ciudad mientras sus tarjetas de memoria eran colapsadas con la oleada de datos que fluía imparable como una tempestad.   “Escuchadme, pueblo de Inglaterra.” -siguió Loki- “Después de observaros tan detenidamente me rompe el corazón y me entristece sobremanera que un pueblo tan noble, tan loable y grandioso como es el vuestro esté siendo gobernado por semejantes alimañas. Todo vuestro sistema esta corrupto, no es sólo el gobierno de los conservadores. También los liberales son culpables e incluso la cámara de los lores ha sido manchada por la avaricia y la perversión. Por no hablar de los bancos que son el fruto de toda esta podredumbre deshonesta que infecta a vuestra nación. Yo no miento, no tengo por qué hacerlo pues al fin y al cabo soy un dios y como tal no podía quedarme de brazos cruzados ante esta injusticia. En vuestras manos están las pruebas que secundan mis palabras. Este es mi regalo, el regalo de Odin y de los dioses de Asgard.”   Northman observaba el devenir de los hechos con absoluto terror. No por la naturaleza de lo que se acababa de descubrir, lo cual, como se describiría posteriormente, relegaba el caso de wikileaks al calificativo de broma pesada, sino por el poder que Loki acababa de demostrar. En sólo cuarenta y ocho horas había orquestado la mayor operación política jamás contemplada y la había secundado con pruebas que llevaban ocultas largo tiempo mediante una red de sobornos y mentiras de complejidad insondable. No es que todas esas pruebas fueran ciertas, claro, pero eso primero debería demostrarse.   El Tengu llevaba varios minutos con el ceño fruncido (si eso es posible en un hombre-pájaro) y sentía como la irá iba creciendo en el interior de su pecho emplumado. Aunque no comprendía muy bien cómo funcionaba toda aquella tecnología, sabía perfectamente lo que acababa de ocurrir. Con un pequeño discurso de apenas unos minutos aquel nórdico fantoche había desacreditado toda la estructura de poder que reglaba la nación y había puesto en entredicho la operatividad de cada uno de sus pilares. Ya sabía cuál era el objetivo de su rival y no iba a permitir que se saliera con la suya sin presentar batalla. Levantó su Shakujō y golpeó con fuerza el suelo con su extremo inferior haciendo tintinear las anillas de las que emergió un retumbar ensordecedor que hizo que todo temblara un instante. La multitud se apartó de él con prisas al advertir repentinamente su presencia al tiempo que él extendía sus alas y alcanzaba el escenario de un solo salto.   El silencio fue roto por los aplausos de unos y los abucheos de otros pero en el escenario todo el mundo observaba al Tengu en silencio, conteniendo la emoción por ver qué nuevas traería su llegada. La expresión de Loki no disimulaba su disgusto.   “Tus palabras suenan muy bien pero su verdadero significado traiciona tu honradez y tu altruismo. -empezó el hombre-pájaro- Tal y como actuaron otros líderes del pasado, pretendes minar la confianza de este pueblo en los estamentos que lo definen hasta el punto de que acepten tu autoridad y la de los tuyos como única salvación posible a la crisis que su nación está sufriendo.”   Loki mantuvo su expresión impasible, las piezas estaban dispuestas sobre el tablero y no podía permitirse ningún error.   “¿Tan terrible sería? -contestó- “Yo soy un Dios y estoy por encima de las mundanas necesidades de los hombres. Soy todopoderoso así que no hay poder que pueda tentarme ni corromperme. Mi naturaleza garantiza la impecabilidad de mis actos y de mis decisiones y la pureza de mi impoluta consciencia.”   Se acercó al linde del escenario y se arrodilló para acercarse al público. Miró directamente a las cámaras de los móviles que le estaban grabando.   “Con la sabiduría de mi padre Odin, Inglaterra renacería, erigiéndose como una nación nueva y poderosa.” -levantó un puño delante de su rostro- Con el coraje y la fuerza de Thor, Inglaterra vencería a la crisis y acabaría con aquellos que manchan el buen nombre de esta nación. No hablo de volver a glorias pasadas, hablo de una edad de oro jamás vista donde los buenos ciudadanos de este país no conocerían la miseria, la enfermedad o el hambre. Donde cada inglés tendría un trabajo y un hogar para su familia. ¡Donde sus hijos irían al colegio y a la universidad sin preocuparse de nada más que de estudiar y establecerse para engrandecer a su nación!”   El público empezó a gritar de júbilo. Entre sus filas se desataron sollozos y un retumbar que clamaba el nombre de los dioses nórdicos. El Tengu apuntó a Loki con su Shakujō y sus plumas se erizaron indignado como estaba por aquellas palabras.   “¡Siempre bajo tu mando!” -gritó imponiéndose por encima del bullicio de la masa inglesa- “¡Demasiado se parece tu discurso a otros que llevaron a su nación a la desgracia bajo sus puños de hierro! Bastante ha sufrido este mundo ya con dictadores ávidos de poder cuyo gobierno ha derramado la sangre de millones de inocentes, no hay necesidad de ninguno más. ¿Quieres que Inglaterra conozca una edad de oro? Entonces enseña a los ingleses a escoger a sus gobernantes con sabiduría y enseña a esos dirigentes a gobernar con honor y justicia, pero no les impongas tu eterno mandato. ¿O has olvidado mencionar que tu condición divina también te otorga la inmortalidad? ¿Vas a gobernar a este pueblo hasta el fin de los tiempos? ¿Va a vivir esta gente bajo tu yugo eternamente?   El Tengu calló y observó como Loki hacía acopio de toda su voluntad para controlar su ira. Podía escuchar desde donde estaba el rechinar de sus dientes blancos y perfectos. Se dirigió entonces al público como hiciera antes su rival. “Ingleses, sé que os parezco extraño y ajeno, al igual que vosotros me parecéis extraños a mí. Pero creo estar en lo cierto cuando os digo que debéis ser libres para gobernaros a vosotros mismos y que si cometéis errores debéis aprender de ellos, corregirlos y seguir adelante. Mi regalo es, como siempre ha sido entre los míos y los humanos, el consejo y la sabiduría adquirida a lo largo de los siglos para enseñaros y ayudaros en vuestras dificultades. Soy un Tengu y en mi tierra los hombres me llaman Maestro.” -dicho esto hizo una profunda reverencia-   No hizo falta celebrar unas votaciones para averiguar cuál de los dos regalos había convencido a los ingleses. Ambos podían sentirlo claramente y así se manifestó la voluntad de aquel pueblo al aparecer el punto de poder sobre la cabeza del hombre-pájaro. Los humanos no podían verlo pero a ojos de los dos seres legendarios brillaba con la intensidad de un Sol.   Ensimismado como estaba ante su visión, el Tengu apenas pudo reaccionar ante el ataque del dios nórdico. No es que se sorprendiera, pues ya había sospechado que llegado el momento Loki no mantendría su palabra e intentaría hacerse con la fe de aquella nación a cualquier precio. Detuvo el embate con su bastón y al contacto con el hierro de la espada que blandía su contrincante el escenario se llenó de centellas y luces. Las armas salieron disparadas, los focos reventaron con un estridente ruido así como todo el equipo audiovisual que fue víctima de una súbita sobrecarga eléctrica salpicando el entorno con llamas y chispazos.   La marabunta entró en pánico y empezó a abandonar el lugar entre gritos y empujones. No mostraron piedad para con aquellos que se veían arrastrados por su fuerza y varias víctimas murieron asfixiadas por la marea. Entretanto, los dos seres míticos seguían con su combate sobre el escenario sembrando la destrucción a su paso.   Loki no daba cuartel, atacaba con la fuerza que le otorgaba su ira desatada y estaba resultando un rival más diestro de lo que el Tengu había previsto. Golpeaba incansable pecho, cabeza y brazos, nada podía hacer el hombre-cuervo contra el dios. Finalmente el emplumado ser perdió pie y cayó al suelo, Loki continuo con sus golpes magullando todo el cuerpo del Karasu Tengu evitando siempre lastimar las alas. El final estaba cerca, apenas podía mantener la conciencia, cerró los ojos esperando el golpe de gracia. Nunca llego. Abrió los ojos de nuevo para ver la figura del dios nórdico en pie junto a él.   -Espero que esas alas te permitan volar, coge el poder del pueblo de Londres y huye.- Ya no quedaban testigos en la calle, todo el mundo había huido aterrado.- Puede que un día te pida algo a cambio por esto, ahora huye y recuerda que le debes la vida a Loki.   El Tengu no se lo pensó dos veces, extendió sus alas y se alejó lo más rápido que pudo, no entendía nada, pero en ese momento solo le preocupaba poner distancia entre él y el dios del engaño.