El Fin de la Era del Hombre - Tercera Parte

El Fin de la Era del Hombre III

Por Albert Mialet

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Atenas, Grecia
La noche estaba ya bastante avanzada y María llevaba unas cuantas copas de más. Dos de sus amigas se habían ido con un par de desconocidos, y sólo quedaban ella y su amiga Theoni. El local había abierto hacía un par de semanas y estaba muy de moda, pero la verdad es que odiaban ese tipo de sitios, siempre llenos de hombres pesados y pegajosos que no la dejaban en paz.
- Nena, estoy cansada, voy a buscar los abrigos y nos largamos. - María asintió y Theoni fue a guardarropía.
Mientras tanto, cogió el móvil del bolso para mirar los mensajes. Justo entonces, un hombre apareció delante suyo. Era un poco mayor que la media del local, pero parecía realmente interesante, por no decir que era realmente sexy. Alto, con unas facciones muy marcadas y una mandíbula fuerte y pronunciada, una barba perfecta y un pelo rizado corto y negro con canas a los lados, de pecho musculoso y hombros muy anchos. Y una sonrisa pícara que la dejó completamente indefensa.


- ¿Algún mensaje importante? - Ella se dio cuenta de que tenía la boca medio abierta y la cerró de golpe. Miró el teléfono y negó con la cabeza. - Eso es porque aún no me has dado tu número.
Ella rió como una colegiala tonta con esa estúpida frase para ligar, acariciándose el pelo presumidamente con la mano derecha.
- Me llamo... Virgilio. Encantado. - Le dio dos besos en las mejillas, el segundo más cerca de los labios de lo apropiado.
Estuvieron hablando durante un rato, y cuando llegó Theoni con los abrigos, vio el panorama, dejó el abrigo de María en una silla cercana y se marchó sola.A los diez minutos le estaba cogiendo la mano con suavidad. A los veinte le acariciaba la pierna y le susurraba al oído. A la media hora se estaban besando apasionadamente, y a los cuarenta se la estaba llevando al lavabo.
María no se consideraba a sí misma una chica fácil, ni siquiera lo había hecho nunca en un bar, pero estaba completamente hechizada por ese portento de hombre. La excitación que sintió al entrar en el lavabo era desmesurada, y gozó de Virgilio como nunca lo había hecho durante la media hora más salvaje de su vida.Cuando terminaron, Virgilio le preguntó si quería ir a un hotel a terminar la noche en la cama con él. Ella estaba destrozada, pero no iba a dejar escapar a un pedazo de hombre como ese porque sus piernas le fallaran, así que aceptó.
Al salir del bar, había una mujer en la otra acera apoyada en una farola, mirando hacia ellos muy seria y con odio en los ojos. Era un poco mayor, de ojos negros y fríos, con unos rasgos claros y una piel blanca que la hacían muy bella, pero sin un ápice de amabilidad en su rostro.
Se levantó un viento muy fuerte en la calle, y la mujer se fue acercando. María se cogió al brazo de Virgilio con fuerza, y vio que tenía el ceño fruncido. La desconocida se plantó delante de ellos y le gritó a Virgilio con todas sus fuerzas.
- ¡No hace ni un solo día que hemos vuelto, ni siquiera doce horas, y tú ya estás suelto por ahí, follándote a la primera puta que se te pone delante! - Ella ni siquiera pudo reaccionar a los insultos.
- ¡Amada mía, déjame explicarme! ¡No sabía que tú también ibas a volver!- Zeus se fue separando poco a poco de ella e intentaba apoyar los brazos en Hera, que lo golpeó al acercarse.
- ¿Qué no iba a volver? - Hera le plantó un bofetón en la cara. En el cielo se oyó un trueno junto al golpe. - ¡Eres un sinvergüenza!¡Y encima, encima la has dejado preñada, tu semilla es el peor regalo que le has dado a esta tierra!
A María ni siquiera se le ocurrió que estuvieran hablando de ella, pero entonces Hera se le acercó y posó una mano en su vientre. La dejó hacer, asustada, pero de repente empezó a sentir un dolor terrible y cayó de rodillas.
- Hera, cariño, la pequeña no tiene la culpa, déjala en paz... - Hera levantó la mano para hacerle callar.
- A ti no puedo castigarte, ni tampoco a tu sangre, así que será mejor que me dejes desahogar destrozandole la vida a esta puta de mierda.
El vientre de María se hinchó rápidamente, y notó como algo le mojaba los pies mientras se retorcía de dolor. Hera le abrió las piernas y metió sus manos dentro, sacando una criatura de dentro de ella, un niño pequeño. Cortó el cordón umbilical con sus dientes, cogió el extremo pegado al bebé y sopló. Puso al niño en el suelo y empezó a crecer y crecer, ante la atónita mirada de su madre, que aún estaba en shock pese al dolor. El niño creció y se convirtió en un hombre, perfecto y totalmente desnudo.
Zeus se puso delante del niño-hombre y lo miró de arriba a abajo. El nuevo ser se arrodilló delante suyo. Giró la cabeza y miró un momento a su madre, que se estaba desangrando sin remedio, y luego volvió a bajar la cabeza delante del Dios Supremo del Olimpo.
- Padre, dadme un nombre y os serviré en lo que necesitéis. Soy vuestro siervo y vuestro campeón, haré lo que sea por gozar de vuestro favor. Zeus apoyó la mano en su cabeza
- Así sea pues, te nombraré Hércules, en honor a mi mayor campeón en los días antiguos. - Zeus sonrió , levantó a Hércules y se fue junto a él. - Creo que pronto voy a hacer un hombre de tí, hijo mío.
Hera marchó con ellos, y a los pocos metros se giró para ver como María moría desangrada en el suelo. La sonrisa volvió a sus labios.