Empieza la Guerra III: El Concurso

Storyline del torneo de GdM de Barcelona que se celebrará el 4 de Agosto en el que se decidirá que mitología se queda con el Punto de Poder de Londres. Aquí tenéis el enlace al torneo: Torneo 4 de Agosto.

Empieza la Guerra III: El Concurso

de Marc Gómez

loki

Pocas cosas existen en este mundo capaces de desviar la atención de un dios de sus asuntos. Y si ese Dios es Loki, menos cosas existen todavía. Sin embargo, allí estaba él, sentado en su trono de piedra esculpido en lo más alto del Shard Bridge de Londres oteando la capital inglesa desde la posición más alta de la ciudad. No, no puede decirse que la humildad se contara entre sus virtudes, pero la vista era estupenda.

Desde que abandonara Islandia, pocos días antes, se había propuesto desentrañar los motivos por los que los Aesir volvían a campar a sus anchas por Midgard y más concretamente, las razones ocultas tras la liberación de su propio cautiverio y lo que pudiera significar, fuera lo que fuera. Había hecho de ello su prioridad ya que las cosas con sus hermanos no andaban muy claras y cualquier información de la que dispusiese podía suponer la diferencia entre la continuidad de su libertad o la vuelta a su confinamiento. Huelga decir que no tenía intención ni interés en que eso último sucediera.

Pese a todo, sólo fue necesario poner un pie en Londres para que aquello cambiase por completo. Ahora sus anteriores prioridades se le antojaban banales y superficiales en comparación a la única y verdadera primacía: el pulso latente que resonaba en su interior como el repicar previo de los tambores antes de la batalla.

Al principio lo sintió más como un presentimiento que como una verdadera fuerza, pero según fue adentrándose en la ciudad aquel pálpito se intensificó exponencialmente, volviéndose cada vez más evidente, más insistente, más... irresistible. Su existencia fue dominando paulatinamente sus pensamientos hasta el punto en que no pudo pensar en otra cosa y lo que empezó como mera curiosidad se convirtió en la obsesiva determinación por localizar su fuente.

Sus primeras pesquisas le revelaron un detalle un tanto desalentador. Aquella fuerza se encontraba dispersa y todavía no se había revelado en su totalidad; era como una fruta verde que cuelga de un árbol. Tal vez podía alcanzarla y comérsela pero resultaría ácida o amarga en comparación al sabor dulce que adquiriría estando madura. Y para ello, estaba seguro, no faltaba mucho. Así que se dispuso a aguardar como un buen granjero a que llegase el momento de la cosecha.

Dígase algo de Loki Hijo de Fárbauti: Era un dios paciente. No hay muchas cosas que puedan aprenderse confinado durante siglos, pero la paciencia es definitivamente una de ellas. En su caso paciencia y venganza venían de la mano. Cuando permaneces atado a tres monumentales losas con las vísceras de uno de tus propios hijos como cuerdas y el constante goteo del veneno de una serpiente en tu rostro como única compañía, la venganza te da algo en que pensar. Es innegable que la crueldad más terrible es la que proviene de la propia familia.

Pero aquello, de momento, lo había recluido al pasado y lo recogería de nuevo a su debido tiempo. Ahora lo importante era esperar y mientras esperaba, sintiendo hora tras hora como aquel poder iba adquiriendo forma y concepto, se dedicó a observar la ciudad desde su aventajada posición sentado en su trono como lo hubiera hecho un rey que contempla sus dominios. No es que nadie fuera a verle ni a rendirle pleitesía, claro, pero la sensación le resultaba muy agradable. Y más aún, pues mientras contemplaba Londres fue descubriendo patrones que definían su estructura y su alma, que se repetían y entretejían dentro de otros patrones. Y, como no podía haber sido de otra forma tratándose de Loki, su mente empezó a bullir como una forja recién encendida y a elucubrar planes dentro de otros planes.

Según pudo ver, los londinenses se afanaban día tras día para dar sentido a sus exiguas e insignificantes vidas, todos ellos convencidos de que en su propia e individual existencia recaía el peso del centro mismo del universo. Al mismo tiempo, sin embargo, ansiaban la presencia de una autoridad superior que les gobernara y les protegiera del caos existente más allá de aquella estructura a la que llamaban civilización. Y tan terrible era aquella ansia que permitían que dicha autoridad se desacreditara, errando una vez y otra en su papel de líder y pisándoles y manipulándoles luego de las más diversas y creativas formas para enmendar sus errores. A pesar de ello, nadie parecía hacer mucho al respecto.

En los Tiempos Antiguos de Midgard un jefe así se hubiera encontrado con un hacha atravesada en su cráneo al mínimo despiste. Por eso a Loki le resultó desconcertante cómo podían aquellos londinenses tenerse en tan alta estima para unas cosas y al mismo tiempo ningunearse tanto para otras.

Entonces se topó con una idea que se le antojó bastante interesante. El descrédito de aquellos líderes ineptos podía ser elevado a cotas desconocidas incluso en estos turbios tiempos, lo suficiente para incitar cierta rebelión en el pueblo llano que cuestionara la legitimidad de sus autoridades. Y tal vez hacerlos receptivos a un nuevo tipo de gobierno al mismo tiempo, uno libre de corrupción y de los defectos y carencias típicas de los hombres mundanos; uno que pudiera restaurar la grandeza y la riqueza de los tiempos pasados. Al fin y al cabo, ¿quién no aceptaría ser gobernado por un Dios?

Aquella línea de pensamiento le estaba resultando altamente satisfactoria pero algo la detuvo en seco. Frunció el ceño y centró su atención en otra presencia que había aparecido en las cercanías, extraña y poderosa en cierta forma, que nada tenía que ver con este lugar ni ningún otro que Loki hubiera visitado antes.

 

***

 

Paso. Bastón. Tintineo. Su mente se concentraba en el rítmico avance e intentaba mantenerse ajena a lo que le rodeaba. Primero un paso, luego el golpe sordo de su báculo Shakujō seguido del tintineo de las anillas colgantes en su parte superior. Se concentraba en aquella sucesión como si fuera un mantra que le impulsara a seguir adelante.

La urbe le había abrumado desde el primer instante, pero no agradablemente sino todo lo contrario. Todo en aquel lugar se le antojaba terriblemente ajeno, incluso la pronunciación de su nombre: Londres, la ciudad de la niebla y del pescado frito con patatas.

Mientras las gotas de lluvia mojaban su jingasa y sus plumas, y sus patas pisaban el frío suelo asfaltado, cayó en la cuenta de que si alguno de aquellos humanos le viese, cosa que no ocurriría a no ser que él lo deseara expresamente, probablemente reaccionaría de la misma manera. Era triste pensarlo, pero se sentía muy lejos de su hogar. Allí al menos podía mostrarse y esperar un trato respetuoso y honorable.

Batió ligeramente sus alas y se sacudió el agua de sus plumas negras mientras los transeúntes que le rodeaban se sorprendían y buscaban en vano al coche responsable de tanta salpicadura. No era momento de auto-compadecerse, había acudido a ese lugar por orden expresa del Gran O-Tengu y contra eso no había réplica posible. Debía cumplir su misión y explorar los rincones desconocidos del mundo como de seguro estaban haciendo sus hermanos diseminados por otros lugares igualmente extraños y lejanos. Su honorable Señor les había advertido del advenimiento de una terrible guerra en la que se verían comprometidos incluso los Grandes Kami, así que no podían permitirse dudas, miedos o errores.

Se dispuso a seguir con su mantra de movimientos cuando lo sintió. Era un delicioso aroma que destacaba por encima de los desagradables olores de Londres, incluso por el del pescado frito. Era más bien dulce, le hizo pensar en el más delicioso de los manjares y sin darse cuenta sus pasos se desviaron de su camino atraídos inconscientemente por aquel efluvio. La rítmica y ordenada sucesión de sus movimientos se convirtió en un desordenado correteo con el bastón en alza para no enlentecer el ritmo, acompañado de unos graznidos semejantes a jadeos. Giró por varias calles hasta alcanzar una plaza despejada de altos edificios y se dispuso a coger carrerilla para  alzar el vuelo pero antagónicamente se detuvo tan en seco que sus patas resbalaron por la superficie húmeda y a punto estuvo de caerse.

Una figura había aparecido repentinamente en medio y permanecía inmóvil a varios metros de él. Su apariencia recordaba a uno de esos caballeros ingleses, vestido con un abrigo oscuro y largo con el cuello hacia arriba y con un sombrero alto demasiado anticuado para encuadrar bien en el conjunto. La sonrisa que asomaba bajo sus largos mechones castaños no tenía nada de caballerosa, sin embargo. Instintivamente el Tengu se puso en guardia; al parecer Londres tenía algo más que ofrecer a parte de niebla y lluvia.

-        Oh, vaya. Un hombre pájaro. -dijo el caballero al tiempo que su sonrisa se ensanchaba. El Tengu parpadeo aparentando indiferencia ante tan ingenua definición de su persona. - Permíteme que me presente: Soy Loki, Gigante por descendencia y Dios por derecho y ésta -dijo levantando los brazos- es mi ciudad.

-        Puedes quedarte tu ciudad, Dios-Gigante, no es eso lo que vengo buscando.

-        Sé bien lo que vienes buscando, pero no permitiré que te lo lleves. Es mío. -enfatizó las dos últimas palabras para no dejar duda al respecto.

El Tengu cerró sus ojos un instante, frunciendo el ceño si eso es posible en un pájaro.

-        No. Todavía no lo es, todavía es libre, aunque ya esta listo para ser reclamado. -lo había sentido fácilmente y aquello pareció molestar manifiestamente a Loki, que ya no sonreía. - No obstante no espero que lo cedas sin presentar batalla.

La sonrisa volvió a los labios del dios nórdico.

-        ¿Batalla? -preguntó.- ¿Tengo a caso aspecto de aguerrido luchador? Yo soy un dios civilizado, no me tomes por un salvaje como mis hermanos!

El Tengu emitió unos extraños graznidos que Loki alcanzó a interpretar como carcajadas.

-        Eres extraño. No había oído hablar nunca de dioses que no supieran luchar, ni siquiera sabía que alguien incapaz de ello pudiera ser considerado un dios.

-        Bueno, se me dan bien otro tipo de cosas. -respondió.-

Todo aquello no era más que una representación, por supuesto. Uno no llega a ser considerado Dios entre los Aesir sin saber empuñar un arma, aunque a otros se les diera mucho mejor que a él. Pero la llegada de aquella criatura a Londres justo en ese momento no podía ser una casualidad y no quería arriesgarse a perder el dominio sobre aquel nuevo poder. Había otras formas de sacar partido de la situación mucho más ventajosas que resolverla a golpe de espada. No, dejemos a Thor lo de propinar golpes, a Loki se le daban mejor las palabras.

-        Te propongo un reto, hombre-pájaro. -dijo entonces.- Un reto que te parecerá mucho más justo, estoy seguro. No habría gloria en un simple combate contra mí, pero si te consideras alguien de intelecto, te sugiero que esgrimas tu mente en lugar de ese extraño bastón en el que te sostienes.

El Tengu pensó sobre ello unos instantes. Combatir contra un semejante oponente sería igual que luchar contra un niño o un anciano, fácil pero en ningún caso honorable. Además, como único de los suyos en aquel recóndito y húmedo lugar, sus palabras y sus actos representarían a sus hermanos y al Gran O-Tengu. No podía faltar a semejante responsabilidad. Entendió que seguirle el cuento ese dios vulgar podía ser peligroso, pero dadas las circunstancias no vio otra salida y tampoco era que los tengu fueran conocidos por ser indoctos precisamente. La astucia y la sabiduría eran rasgos de los que no iban faltos gracias a sus entrenamientos y a las enseñanzas de su honorable Señor y Maestro, entre las que se encontraba el arte de la precaución.

-        ¿Qué tipo reto propones exactamente? -preguntó meditabundo.-

-        Seguro que a estas alturas ya habrás percibido que aquello que anhelamos proviene de las gentes de este lugar, de los objetos y los símbolos y la importancia y aliento que depositan en ellos.

-        Sí, puedo adivinar la naturaleza de ese poder y hay verdad en lo que dices.

-        Bien. Entonces seguro que también coincidirás conmigo en que no sería justo arrebatarles tal cosa sin otorgarles algo a cambio, cierto?

El Tengu entrecerró los ojos. De nuevo veía la verdad en sus palabras pero al mismo tiempo percibía con sospecha la propuesta de su rival. Pese a todo, arrebatar aquel poder sin más a aquella gente, por extraña que fuera, sería más típico de bandidos que de guías o maestros, tal y como eran considerados los tengu. Asintió lentamente.

-        Perfecto. Dado que estamos de acuerdo, te propongo que nos encontremos mañana y presentemos a estas gentes un presente digno de ser intercambiado por el poder que late en Londres y que sean ellos los que decidan quién de los dos es más merecedor del mismo. No es algo nuevo, me consta que algo así ya se ha hecho con anterioridad.

-        ¿A todos? -preguntó el Tengu intentando calcular en vano la cantidad de habitantes de la ciudad.- Pero, ¿cómo?

-        Dejalo en mis manos. -la sonrisa de Loki volvió a ensancharse siniestramente.

 

***

 

El show matinal de la BBC conocido como Coffee with Jeffrey era de los programas con mayor índice de audiencia de la capital británica. Tal era así que a menudo se hacia referencia a su presentador, Jeffrey Northman, como el Oprah blanco. Concretamente, el programa tenía una sección de debate y entrevistas por la que había discurrido todo el famoseo británico y parte del norteamericano.

-        Queridos telespectadores. -decía Northman mientras le hacían un primer plano- Hoy es un día histórico que nuestra gran nación jamás olvidará. Por si acaban de unirse al programa,  tenemos con nosotros a dos invitados de una exclusividad totalmente insólita. Por favor, den un fuerte aplauso al Señor Loki, Dios de Asgard!

En ese momento la cámara fue apartándose para revelar el resto del plató. Northman se encontraba sentado en su sofá de los debates mientras que en el sofá de su izquierda se sentaba Loki, vistiendo su abrigo inglés y su alto sombrero, luciendo la más encantadora de las sonrisas.

-        Sea bienvenido a este programa, Señor Loki. -continuó Northman cuando se apagaron los aplausos.-

-        Gracias, Jeff, es para mi un placer estar aquí hoy.

-        Y este... caballero que tengo a mi derecha es... -centró su vista en una tarjeta que sujetaba entre sus manos.- … por favor discúlpeme si no lo pronunció bien, ¿Kurasu Tengu-san?

-        Así es. -contestó el hombre-pájaro al tiempo que un clamor de asombro arrancaba entre el público al escucharle hablar.-

-        Demos un fuerte aplauso a nuestro invitado el Señor Kurasu Tengu-san! -al tengu le pasó por la cabeza comentarle que referirse a alguien con el título de Señor y san era redundante, pero descartó la idea.- Nunca ha acontecido antes nada como esto en la historia de la televisión, y lo están viendo en directo aquí, en Coffee with Jeffrey, el programa donde también se hace historia. Nuestros invitados han pedido venir hoy a nuestro plató para anunciar al pueblo británico una insólita iniciativa, la cual se hará efectiva en cuarenta y ocho horas ante el mismísimo Big Ben. Ahora pasaremos unos minutos a publicidad pero si quieren saber de qué se trata, ¡no cambien de canal!