Empieza la Guerra IV: Triada II

Baldr

 Triada II 

autor:  LaAnjanaBrenna

Mientras el público corría hacia la salida, Narell se quedó  paralizada en el asiento observando el extraño espectáculo que se desarrollaba en el teatro. La acústica del mismo permitía que lo que  allí se hablaba se pudiera escuchar  desde  la fila donde se encontraba la muchacha.

 

El Hombre oriental elevó sus manos con las palmas hacia arriba, Narell dudo de si iba a utilizarlas para aplastar como  quien aplasta  una hormiga a su adversario. Estaba pensando que así sería,  cuando las tablas del suelo del escenario comenzaron a ceder,  elevándose   empujadas por lo que parecía  una enorme corriente de aire. De donde salía dicha corriente era algo que Narell no podía comprender. Era como si  aquel gordo hubiese invocado al mismísimo viento.

 

 

 

Baldur combatía contra aquel torbellino de madera, blandiendo el hacha  con inusual celeridad. Las maderas eran reducidas a cientos de astillas que saltaban hacia el propio Takami Musubi quien debiendo evitar  que  se le clavasen como aguijones  molestos y dolorosos si llegaban a los ojos, perdió toda concentración sobre su invocación.

 

El viento cesó, las maderas cayeron al suelo y el Nórdico se lanzó con furia hacia su atacante. Era conocedor de  las cualidades que le podían llevar al  éxito en  el combate. Velocidad y Resistencia. El  japonés podría   ser más fuerte y conocer el manejo de los elementos, pero  parecía un ser lento  y  perezoso.  Si conseguía dañar  sus extremidades era posible que se desmoronase.

 

 

 

Musubi  no esperaba la rápida respuesta de su contrincante.  Cuando se quiso dar cuenta  le tenía demasiada cerca del cuerpo con aquel filo reluciente amenazando con clavarse en el costado de su muslo. Alzó la pierna con la celeridad de un paquidermo y el arma del Hijo de Odín  quedó clavada en el flanco derecho a la altura de la cadera.

 

Baldur observó a Takami, no podía creer que estuviese en pie. Su arma solía ser letal allá donde desgarraba músculo y hueso.  Cuando hubo sacado el metal se dio cuenta de que no había restos óseos.  Con tanta carne alrededor no había llegado al hueso.

 

 

El teatro se había quedado vacío, desde fuera llegaba el murmullo de agitación y pánico que se había desatado.  Tan solo tres figuras eran mudas espectadoras del encuentro. Dos de ellas  se miraban de reojo con la tensión latente en sus rostros. En la butaca Narell no perdía de vista a ambos guerreros, por una parte horrorizada, por otra sintiendo que algo grande estaba ocurriendo frente a  Ella.

 

 

 

El grito del japonés sobrecogió a todos. Parecía realmente enfadado. Con  una mano cubría la herida dando muestras de dolor,  con la otra se había apropiado   de una gruesa vara de madera que agitaba de forma amenazante ante Baldur.   Este agachaba y enderezaba su cuerpo intentando evitar los golpes. No todos fueron evitables y los músculos doloridos comenzaron cansarse.

 

El Dios Nórdico lanzó su último ataque. Saltando sobre la estaca de madera, hacha en mano asestó un  certero golpe en la pierna herida del  Dios invocador. Cuando Musubi cayó sobre el escenario  un golpe seco pareció estremecer al mundo. Los Nórdicos habían ganado.