La Decisión Azteca II

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LA DECISIÓN AZTECA II

de Antonio Montenegro

Huitzilopochtli contemplaba el cielo desde su apartamento en el centro de la Ciudad de México. Se encontraba relativamente cerca del centro de Tenochtitlan lo que le permitía inundarse del poder del nodo. Aún no había llegado a recuperar todo su poder, pero ya se encontraba bastante restablecido después de tanto tiempo descansando.

Junto a él estaba Quetzalcóatl. De entre todos los demás dioses él era el único en que podía confiar. Cada uno de los demás aztecas tenía siempre su propia agenda y solo le hacían caso cuando esto coincidía de alguna manera con sus planes.

“¿No has logrado averigua nada?” le pregunto Huitzilopochtli a Quetzalcóatl. “¿No sabes nada de lo que planea Mictlantecuhtli?”

“No. Algo evita que mis poderes penetren la mente o la morada de Mictlantecuhtli. Es un poder más allá de lo que él ha manifestado en el pasado. Aunque puede ser que aún no he recuperado toda mi fuerza y él ya está restablecido.”

Huitzilopochtli examinaba el pequeño sobre negro con la droga que le había traído uno de sus agentes. “Es curioso cómo ha descubierto una manera de utilizar la adicción de los humanos para ganar más seguidores. Su propuesta de compartir este secreto con los demás es interesante, aunque algún motivo secreto tiene que tener, él nunca ha estado muy dispuesto a compartir su secreto. Entre esta droga y el hecho que es el único que nunca llego a perder realmente seguidores es más poderoso que yo en este momento. Si no fuera porque el resto de dioses no confía en el me temo que llegaría a ocupar mi lugar…”

“Sin embargo sé que no me has hecho llamar por eso… te preocupa la reunión, ¿no?”

“Veo que ya tienes tus poderes de leer las mentes de otros Dioses.”

“No sería el Dios del conocimiento si algo se me escapara, pero no es necesario leerte la mente. Tu cara lo dice todo. Somos amigos desde el comienzo, se cuándo algo te preocupa. La última vez que te vi esa cara fue cuando llegaron los españoles a nuestras tierras.”

“Creí que era una buena idea seguir la tradición japonesa de rechazar la invitación tres veces, pero aunque he recibido tres veces la invitación, no ha llegado la definitiva. No sé si Amaterasu ha entendido que quería honrar sus tradiciones. Creo que puede ser que la haya ofendido. ¿Sabes algo más de los otros panteones?”

“Sé que Odín ha decidido ir, los otros aún están planteándoselo.”

Huitzilopochtli miro de nuevo a los cielos. El sol iluminaba con fuerza esta tarde de otoño. Bajo la vista y contemplo el parque que quedaba en frente de su edificio. Muchas familias disfrutaban de una placentera tarde, comiendo y riendo. Se preguntaba si estaban conscientes de que había empezado una nueva era, y que aunque él lo intentara evitar, muchos de ellos morirían. Tenía que tomar la mejor decisión para su pueblo y para ellos.

De pronto el cielo se oscureció. Parecía que una gran nube había tapado el sol, pero no había nubes en el firmamento. Levanto la vista y vio que lo que tapaba al sol era un sin número de aves de papel. Todas de color verde. Cogió una con la mano y vio que era un origami perfecto en forma de colibrí. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Contenía una nueva invitación de parte de Amaterasu.

Quetzalcóatl recogió una de ellas. “Presentía que volvería a invitarte. Ahora puedes mandarle la verdadera respuesta y aceptar ir.”

“Si, lo hare ahora mismo.”

“¿Iras solo?”

“No, sería una tontería. Pero tampoco iremos todos. Solo llevare a tres de vosotros conmigo. Tu iras, eso es seguro.”

“Supongo que llevaras a Coatlicue, ella siempre es buena para entablar conversaciones.”

“No, no la llevare. Llevare a Mictlantecuhtli.”

“¿Por qué? ¿No es un poco arriesgado?”

“Sé que trama algo, y creo que no es el único dios que lo hace. Si lo llevo con nosotros podemos observarlo de cerca y más importante, ver si hay algún dios en la reunión con el que tenga comunicaciones especiales. Sé que si hay alguien más planeando algo en otro de los panteones junto con él, intentaran de cualquier forma asistir a la reunión.”

“¿Y el tercero?”

“Xipe Topec.”

“¿El guerrero? ¿Crees que habrán problemas?”

“Nunca se sabe, y siempre es bueno tener un poco de musculo para tratar ya sea con amenazas externas o internas.”

“Y… ¿compartiremos todos nuestros secretos?”

“Ya veremos cómo va la reunión. Si veo que realmente es en beneficio de mi pueblo lo haré. Aunque puede que los egipcios se nos adelanten.”

Miro con ojos de ternura a la gente que se hallaba en el parque. Esta vez sí evitaría que masacraran a su pueblo, aunque en ello se dejara la vida.

****

 

Mictlantecuhtli se encontraba sentado en su trono de huesos.

“Así que Huitzilopochtli quiere que lo acompañe a la reunión. No entiendo porque. Fui el que más se opuso a que fuéramos a la reunión.”

La figura que se encontraba al otro lado del teléfono tras meditar concluyó: “Asiste, que siempre es bueno tener más información. Ten en cuenta que los otros intentaran asistir también. Eso sí, sabe que lo ha hecho porque te quiere tener controlado. Pero esto juega en nuestros planes.”

“Lo sé, M. Iré con cuidado.”