La Gran Reunión - parte I :Caminos paralelos

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La Gran Reunión - parte I : Caminos paralelos

de Pedro Rebolledo

 

Un hombre de armadura roja miraba por la ventana, delante tenía una imponente ciudad bien iluminada, muy diferente de como la recordaba. A sus espaldas un gran ajetreo, cuatro mujeres estaban preparando la mesa para la gran reunión. De repente se hizo el silencio, el hombre de la armadura se dio la vuelta y vio a las cuatro jóvenes arrodilladas en el suelo, levantó su mirada y encontró a una hermosa mujer que irradiaba luz en toda la habitación.

-          Amaterasu-sama – dijo mientras se inclinaba el hombre

-          Hachiman-san, ya estáis aquí- respondió Amaterasu-  ¿cómo van los preparativos para la reunión?

-          Están casi listos- dijo Hachiman, dirigiendo su mirada a las cuatro mujeres

Amaterasu se acercó a la ventana, ambos contemplaron juntos aquella gran ciudad que tenían a sus pies, era Tokio. Una de las cuatro jóvenes se acercó a Amaterasu para comunicarle que ya habían preparado la mesa, se despidió con una reverencia y abandonó la sala junto a las otras tres chicas.  Hubo quietud, ambos dioses parecían no necesitar palabras para comunicarse, siglos de relación condensados en un silencio. Unos golpecitos en la puerta rompieron el silencio.

-          Amaterasu-sama, Hachiman-sama han llegado los primeros invitados, pero hay un inconveniente no quieren entregar sus armas- dijo la joven.

-          Muchas gracias, Midori-san – respondió Amaterasu

Antes de que Amaterasu pudiera decir nada, Hachiman ya había salido por la puerta y se estaba dirigiendo a la entrada.

El ascensor llegó a la planta baja, las puertas abiertas se abrieron Hachiman distinguió tres figuras, dos de ellas eran mucho más corpulentas que la tercera.  En ningún momento dudó de la procedencia de los invitados, eran Nórdicos, y uno de ellos era Tyr, un viejo conocido, se le veía bastante recuperado de su combate en Moscú.

Las tres figuras escucharon el sonido típico de los ascensores al llegar a su planta de destino, se dieron la vuelta y clavaron sus miradas en el hombre de la armadura roja. Tyr, sin pensarlo en ni un segundo, empezó a correr en dirección a Hachiman, desenfundó su hacha. El dios Japonés permanecía inmutable en la puerta del ascensor. Tyr se preparaba para decapitar a su enemigo, su arma describió un arco a la altura del cuello, no encontró más resistencia que el aire. Consiguió no caer dentro del ascensor, se dio la vuelta, allí estaba Hachiman, tenía su mano en el hacha de Tyr. El dios Nórdico recibió una patada en el pecho con una fuerza brutal, obligándole a soltar su arma, chocó con la pared del ascensor. Antes de que pudiera reaccionar, las puertas del ascensor se cerraron ante la mirada incrédula del Dios Nórdico.

Mientras en la recepción Odín perplejo entregaba su arma, mientras tanto Loki esbozaba una sonrisa y posaba su cetro. Hachiman se acerco a los dioses nórdicos con el hacha de Tyr en las manos, hizo una reverencia y entrego el arma a un ashigaru,  Odín y Loki saludaron levantando la mano. El dios nipón hizo un gesto para que les acompañara en dirección al ascensor.  Al llegar a su destino, Tyr estaba esperando en la puerta, antes de que pudiera hacer nada Odín se adelanto y le susurro al oído. Hachiman prosiguió, abrió una puerta los tres dioses nórdicos buscaban por toda la habitación sillas, taburetes o algo semejante, hasta que Amaterasu apareció.

-          Saludos Odín-sama, Tyr-sama y Loki-sama tomad asiento – les dijo la Diosa Sol, mientras se arrodillaba y se sentaba en el suelo.

-          Saludos Amaterasu – respondieron a coro los dioses Nórdicos, mientras intentaban acomodarse en el suelo.

-          Me alegra que estéis aquí, ahora os traerán algo de beber – respondió Amaterasu, y después dijo algo en japonés y apareció una joven con una bandeja con una botella de sake.

Antes de que pudieran saborear el licor de arroz, la puerta se abrió nuevamente,  era la delegación Azteca, al frente estaba Huitzilopoctli, el dios de la guerra azteca, que lucía una armadura verde con muchos toques de color; tras él el dios de la sabiduría, Quetzalcóatl, Xipe Tótec y Mictlantecuhtli.  Amaterasu se puso en pie para saludar a los invitados, les hizo una señal para que se sentaran, inmediatamente una chica entró con una bandeja con más vasos para los recién llegados ; los dioses nórdicos, en cambio, saludaron sin levantarse, sin duda la etiqueta no era su punto fuerte. Un silencio inundó la sala, hasta que entraron en la sala entre risas Ame-no-mi-Kurami y Takami-Musubi entre risas, acompañados por los representantes de la humanidad, el monje Pak y la periodista Trisha.  Amaterasu miró a ambos dioses, estos callaron, se inclinaron ante los invitados.

-          Pak y Trisha acercaros- dijo Amaterasu – estos son los representantes de la Humanidad, hemos creído necesario invitarles al fin y al cabo nuestra guerra también les afecta.

Tanto Odín como Huitzilopoctli  asintieron con la cabeza. La sala se llenó de ruido inmediatamente, se entremezclaban los murmullos de los representantes de los panteones. Finalmente la puerta se abrió Hachiman no entró dejo pasar al resto de la comitiva,  por orden entraron Thot y Atenea, Bastet y Eros, por ultimo Zeus y Ra, se desprendía que los dos panteones eran viejos conocidos. Amaterasu, como buena anfitriona, procedió a las presentaciones correspondientes, muchos de ellos se conocían por los rumores que circulaban últimamente. Hachiman cerró la puerta, un ejército de mujeres entró en la habitación con muchos manjares. Tras un momento, cuando todos los comensales estaban servidos, Amaterasu empezó a hablar.

-          En primer lugar me gustaría agradecer vuestra presencia en este encuentro inédito, todos hemos enterrado el hacha de guerra – dirigió su mirada hacia Hachiman y Tyr – para poder solucionar el problema que tenemos ante nosotros.

El resto de dioses asentían ante las palabras de la Dama Sol, Ra poso su vaso sobre la mesa y se dirigió al resto de deidades.

-          Hermana Sol gracias por la invitación, y os presento mis respetos a todos vosotros – mirando a todos los asistentes – tenéis razón tenemos unos cuantos problemas que resolver.

-          Yo también os agradezco vuestra invitación Amaterasu – dijo Huitzilopoctli.

-          Todo esto está muy bien, yo también estoy agradecido, etc. Pero ¿podemos empezar a hablar ya?- dijo rotundamente Zeus.

-          Eso estoy de acuerdo con Zeus, ¡empecemos ya! – dijo Odín, mientras masticaba un panecillo.