La única via, el hielo. Decisión Japonesa II

 

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La única via, el hielo. Decisión Japonesa II

De : Xavier Villalba

Ilustracion : Irene Medina

 

-¿Sabes por qué te he traído aquí, Midori?- preguntó Amaterasu con su cálida voz. Sin esperar respuesta siguió- necesitamos tu ayuda para contactar con los humanos. Sabemos que son esenciales en este planeta y queremos que entiendan qué está pasando y quizá también que empiecen a asumir qué puede pasar.

Midori se encontraba sentada en un pequeño taburete de madera frente a la Diosa que flotaba en posición de flor de loto. Se sentía diminuta e insignificante pero sabía que no podía sufrir ningún mal junto a ella.

Realmente no estaba segura de dónde se encontraba ni de cómo había llegado allí. Aún impresionada como estaba era incapaz de apartar la vista de Amaterasu y del talismán que colgaba de su cuello. Éste tenía un color rubí que iba mutando lentamente, a veces parecía un volcán, otras una tormenta de fuego y cuando más calmado parecía era el fuego de la humanidad.

 

-Me gustaría poder escuchar tu opinión.- dijo la deidad, mientras hacía una pausa y cerraba los ojos por un momento. Cuando los abrió, Midori se dio cuenta, no tenía que decir nada, ya había escuchado sus pensamientos.- Que así sea jovencita.

Tras éstas últimas palabras Amaterasu unió sus manos y sopló suavemente haciendo volar una figura de papel, un origami casi transparente que voló grácilmente hasta posarse sobre las manos de Midori.

 

Sonaba un despertador.- ¿qué hora es?- se preguntaba mientras abría los ojos y miraba hacia todos lados. - ¿Las 6 de la mañana? Debo ponerme en marcha.

Midori se levantó con suavidad, sin prisa. En el momento de tocar el suelo pudo revivir su estancia con la señora del fuego y supo qué debía hacer y cómo debía hacerlo. Metió la mano en su batín con delicadeza y cogió la pequeña figura de papel que le fue entregada. La dejó descansar sobre su mesita mientras se vestía y cogía sus cosas para emprender un viaje. Un viaje que sería un antes y un después, sabía que este periplo podría decidir el destino de toda la humanidad.

Bajó por las escaleras, con ese ritmo de quien está decidido a llevar a cabo su objetivo. Sin preocuparse por los posibles obstáculos, confiaba en que no estaba sola. Tomó un autobús, luego el tren hacia el aeropuerto y compró el primer billete hacia New York. Pocas horas la apartaban de su destino.

-¿Por qué confiaste esta misión a una chiquilla como esa? ¡Deberías haber enviado a un hombre de verdad, con fuerza y vigor!- reprendía Hachiman.

Ambos Dioses se encontraban compartiendo una frugal comida. Él con su armadura roja como el magma ardiente y su casco demoníaco en su regazo. Ella con su kimono purpúreo con tonos anaranjados y su suave cabello reposando en sus hombros.

Sobre la mesa, fruta, pan y un poco de sake. Dos velas iluminaban la escena.

-Estimado. Cálmate. ¿Acaso crees que voy a dejar que sufra algún mal? ¿O estás poniendo en duda mis decisiones? Sabes tan bien como yo que los tiempos han cambiado y aún queda mucho más por cambiar.- el tono de Amaterasu era tranquilo, como siempre. Nunca necesitó sonar amenazador.

-En cualquier caso pronto tendremos una respuesta. ¿Sabemos dónde? ¿Cuándo?

-Todo a su debido momento, no tengas prisa. Cuando tenga que llegar el momento lo sabremos.- clausuró ella con una suave sonrisa en sus labios, quizá dando a entender que sabía algo más.

 

New York. Ya estaba allí. Bajó del bus en Central Park para dirigirse al metro. Sus pies iban solos y ella no se preocupaba del camino que tomaba. Bajo las escaleras y cruzó las puertas del vagón que se abrieron automáticamente para ella.

El viaje fue corto, menos de 20 minutos. Bajó y subió otra vez las escaleras para salir a la calle. Giró a la izquierda y siguió recto un par de calles, giró a la derecha y siguió un poco más hasta un local un poco mugriento. Con la persiana bajada y cierta pinta de abandono. Dio unos suaves golpes contra la persiana y a los pocos minutos obtuvo respuesta.

Una mujer enorme con un chándal fosforescente abrió una portezuela, sorprendida vio como Midori no le dirigió palabra y entró directamente hasta la sala central, donde Pak estaba discutiendo junto con sus compañeros. Era la base del Portal de la Verdad, muchos habrían dado un brazo por estar allí. ¿Cómo había llegado ella sin conocer el camino?

 

Pak se giró hacia ella, el resto guardaba silencio. Midori hizo una profunda reverencia y juntando las dos manos entregó su origami. Inclinándose él para tomar el mensaje pudo ver como Midori empezó a emanar luz propia hasta que apareció su armadura y su lanza al mismo momento que Amaterasu apareció un breve momento con una mirada de satisfacción.

En ese momento quedó claro, los humanos debían tomar una decisión.

 

Trisha habia llegado a toda prisa, casi corriendo. Había estado haciendo unas averiguaciones en la biblioteca publica de New York, en pleno corazón de Manhattan, cuando recibió la llamada de Jason. Estaba asustado y su voz tenía un tono tembloroso.

El camino de vuelta hasta la guarida lo había pasado indagando en su móvil sobre la noticia. Cómo no, Fox ya había publicando en la web la parte de la grabación que había conseguido rescatar.

El whatsapp en clave entre Pak y ella eran mensajes de “ven rápido”, ”no tardes”. Pensaba que se quedarían de piedra cuando les contara la versión de Jason sobre lo ocurrido.

-Ni la cabeza de medusa los dejaría más de piedra- se dijo en voz alta pensando en todo lo ocurrido. Llevaban tiempo haciendo bromas mitológicas y ya tenían unas cuantas coletillas usadas por todos.

 

La humanidad sabia de los Mitos, cientos de personas los habían visto. Los gobiernos los acaballaban como podían. Manipulaban la información diciendo que eran grabaciones de películas, efectos especiales de grupos radicales que aprovechaban los cambios climáticos y los desastres que habían ocasionado unas lluvias magnéticas. “Pronto todo se calmará y volverá a la normalidad” era el titular más visto. Eran excusas y mentiras que la masa prefería creer, era lo  más sencillo, lo “normal”. Aún así las reuniones religiosas, y de grupos étnicos que se llamaban así mismos los nuevos creyentes había proliferado por todo el planeta.

Una cosa quedaba clara, no había vuelta atrás y el movimiento no se calmaría como dijo la convención de las Naciones Unidas, algo estaba empezando. Muchos lo sabían y lo intentaban silenciar. Ella tenia que saber más que todos ellos, necesitaba ir a la Antártida.

 

Cruzó el umbral y saludó a la madre de Fox, ese chándal verde no podía ser de otra persona, era reconocible incluso de espaldas. Ella una fanática cristiana y todo lo que hacia su hijo era insultar al Señor. ¿Otros Dioses? Herejía, freaks. Quizá por ello ni se inmuto al ver a una jovencita con una armadura ashigaru por su casa.

 

-¡No os lo vais a creer! Jason, un antiguo compañero de trabajo, era el entrevistador de la Antártida el documental. Me ha llamado y…- en ese momento miró a su alrededor y vio la escena.

Por un lado Pak, Fox y Tayron miraban alternamente un origami casi transparente que tenía Pak en su mano y a la joven con armadura y lanza de plata que estaba de pie en medio de la sala. Por otro lado pudo ver o quizá fue su imaginación, pero por solo un segundo vio como una Diosa desaparecía de la sala.

Pak se recompuso como pudo y directamente le ofreció el origami, que se abría lentamente al tocarlo. Mientras leía como podía el mensaje una y otra vez, el monje le relató el encuentro:

-          Midori nos ha traído este mensaje de parte de Amaterasu, Diosa del Sol de Japón. Es una invitación a una reunión donde irán distintos Dioses de diversas mitologías e invitan a la humanidad a asistir y a nosotros como sus representantes.

Trisha soltó con delicadeza el origami en las manos del monje y agarró un paragüero cercano para vomitar en él. Unos minutos después mientras bebía agua para restituirse e intentar comprender la situación entró Tayron, había ido a lanzar el paragüero al contenedor.

-Gracias por el agua Fox.- empezó Trisha tras recomponerse-  y yo que venía a contaros algo tremendo…Bien, resulta que unos compañeros de Jason, el reportero y presentador del reportaje de la Atlántida, han muerto. No solo cortaron la emisión por lo que parece, tengo que ir a la Antártida a averiguar qué hay que no podemos ver.

- Antes o después de ir a ver a los Dioses a Japón? – bromeó Fox.

-Tomen la decisión que tomen, yo les acompañaré, puedo ser de ayuda.- saltó una delicada y suave voz.

Pak hizo una inclinación de cabeza a Midori, indicando su conformidad, y puso la mano en el hombro de Fox.

-Es mejor visitar la Antártida primero.- sentenció Pak.

-Recuerden, sólo han de escribir su respuesta y dejarla bajo el Sol de la mañana.- aclaró la enviada de Japón.

-De acuerdo Midori. Pero primero debemos visitar el continente helado, luego hablaremos con los Dioses. Debemos tener claro que está pasando para asumir el papel que nos depara en esta reunión.

 

Fox, como siempre, lo organizó todo en unos pocos días. Tayron los acompañaría en calidad de… guardaespaldas, pensó Trisha, no les iría nada mal visto lo visto. Midori también se había unido al grupo, aunque su armadura se había volatilizado. ¿Era capaz de hacerla aparecer a su voluntad?, se planteó Trisha, ya no sabía qué pensar.

 

El avión descendió, aquello no es un aeropuerto común, ni siquiera uno de alguna ciudad pequeña. Era más bien como los aeropuertos militares de las películas. Cuando bajaron del avión había un jeep esperándolos. Encima de éste 4 hombres con armas automáticas que les observaban. Ésa última imagen los dejó casi más helados que el frío, que se había llevado su cálido aliento.