Las Sombras Reunidas

LAS SOMBRAS REUNIDAS

de Fernando Arsuaga

SONY DSC

1ª parte: La pregunta

 

Tártaro, en la actualidad…

 

- “No veo que gano con ese plan…” Las palabras salían con desdén de la gran figura sentada sobre un enorme trono formado a base de cráneos y esqueletos amarillentos por el paso del tiempo.

Un hombre encapuchado y con túnica blanca estaba de pie ante tan imponente imagen, imperturbable pero respetuoso. Después de unos segundos eternos, el humano contestó con una voz profunda y ronca:

-“ Siempre has estado a la sombra del resto de Dioses, expulsado del Olimpo por tu propio hermano…, y aún así, te pide librar una batalla en contra de otros Dioses tan patéticos y miserables cómo él. A esta misma conclusión llegarán otras deidades de otros Panteones, tan DEMONIZADOS cómo tú por sus propios congéneres…” y tornándose aún más oscura y melosa su voz continuó “…pues de este modo conseguirás, tanto tú como el resto de Demonios, la DULCE VENGANZA”

Hades arqueó levemente una ceja, intentando no demostrar el creado interés por estas últimas palabras pronunciadas por el insignificante mortal.

- “Bien, aunque yo acepte participar… ¿qué me garantiza que haya otros de mi estatus realmente interesados en acudir?” dijo en un tono pasivo.

- “Sólo acude con otros interesados al lugar indicado y lo verás por ti mismo” y le entregó una tarjeta con una misteriosa e intrincada letra “M” de color Rojo rubí, que tornó en una llamarada e introdujo una información a la mente de la Deidad, con una orden suya. “Allí será el punto de reunión, sólo deberás pensar en esta clave para poder pasar sin interrupciones”

Un encapuchado con una túnica de un color diferente se acercó al interlocutor y, con un estruendo de metal entrechocando, desaparecieron entre las sombras del inconmensurable hogar del Dios del Inframundo.

Una agradable voz femenina surgió de unas cortinas –“Tiene razón y lo sabes, querido. Nunca te respetarán a pesar de todo. Es hora de demostrarles a todos esos pretenciosos su GRAVE error”.

- “Perséfone, mi amada, debo meditar… No deseo precipitarme en una acción tan arriesgada, y menos cuando las puertas para acceder a la Tierra se han abierto, mostrando así toda una gama de posibilidades…”

En ese mismo instante, la imagen del 2º encapuchado y su brillante mirada, un fulgor imposible saliendo de su capucha, le hizo recordar y murmurar: - “Creo haber conocido a este ser, y no era un mortal, ni mucho menos…”

Mirando al oscuro horizonte, pensó en voz alta: - “De cualquier modo, debo cerrar las puertas de este lugar…, hacerlo inexpugnable ante cualquier ser vivo o muerto, humano o divino. No quiero que esta reunión trascienda más allá de esta dimensión…”

Un terrible sonido resonó por todo el Tártaro, que hizo temblar desde el más pequeño de los espíritus hasta al mismísimo Señor del fuego Infernal. Los pesados goznes de las gigantescas puertas chirriaron como el lamento de todas las ánimas allí contenidas y cesaron de hacerlo tras un bramido seco al terminar de cerrarse.

Recostándose en su macabro asiento y con la respuesta a la pregunta  que le intrigaba desde hace siglos tan cerca, si finalmente se aliaba con el Mago, surgió de forma imprevista una gran mueca de satisfacción…

 

 

ALEJANDRÍA, hace más de 2000 años…

 

 

El fuego parecía voraz, cómo si encontrara placer en comerse tantos papeles y pieles escritas, y la estructura interior de mármol estaba sucumbiendo al desastre de igual forma. Este hecho le hacía gracia a Hades, ya que las lágrimas de la hija favorita de su hermano Zeus, Atenea, le complacían. También el hecho de poder traer hacia su Reino tantas almas al unísono, trayendo una sensación de confort por haber urdido el plan que llevó a esta masacre humana y de conocimiento.

Apareciendo en el lugar que se estaba calcinando, vio el Locus de poder que albergaba, en la sala más interior de la majestuosa biblioteca…, pero alguien ya lo estaba reclamando. Un anciano, con el aspecto de un gran bibliotecario de Alejandría, recogía ese poder de forma natural… Llevaba ya consigo varios sacos cerrados llenos de documentos que… ¡no parecían quemarse!

Ante este acto de robo frente a un Dios, Hades profirió un grito de disgusto y una llamarada de fuego negro surgido de sus manos se abalanzó contra la figura. Ésta perdió el equilibrio y el Poder pareció seguirle en su caída bajo el incendio negro.

Unos instantes después, de entre las oscuras llamaradas, surgieron cuatro cadenas que aprisionaron e inmovilizaron las extremidades del  Dios de los Muertos, haciendo surgir una mirada de asombro y rabia en su cara, pues NINGUN MORTAL había sido, hasta ahora, siquiera capaz de rivalizar con él, salvo qué…

Sin tiempo para reflexionar, la figura del anciano surgió de entre las lenguas de fuego, totalmente mercurial y rodeado de las mismas cadenas que le impedían a él moverse, aunque no sería durante mucho tiempo…

Con unos ojos centelleantes de un color rojo sangriento, inquirió:

- “Has destruido una fuente de Poder y Conocimiento. Por el Equilibrio Supremo, no DEBO dejar que se pierdan ni que caigan en manos Divinas”

Después de decir ésto, desapareció junto con otros cientos de rollos y manuscritos, así como las cadenas que le aprisionaban, en un estallido de metales golpeándose violentamente. Mientras, hacia el techo surgió un manantial de Poder puro que lo desgarró como si fuera de papel y se diseminó en todas direcciones.

- “Debo investigar y descubrir a este ser, que aún no siendo humano, no se considera un Dios, y es capaz de tales proezas…”