Mitos Renacidos XIII: El Hombre Jaguar

EL HOMBRE JAGUAR

de Alberto Rodríguez

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 Desde que llegaron a aquellas montañas no había dejado de llover. Era una lluvia tan densa que a penas se podía ver a un metro de distancia y que, por muy impermeable que fuera tu ropa, te dejaba calado hasta los huesos.A cada paso que daba, Patrick se arrepentía de haber aceptado el trabajo.

Su tío Hank tenía unos cuantos locales de apuestas, pero su verdadera pasión y fuente de ingresos era la caza furtiva, y le había propuesto meterse en el negocio. Había recibido un soplo de un contacto que tenía en la organización de animales protegidos. Pasada la frontera de los Ángeles, a 150 Km., se habían avistado jaguares en las montañas de Michoacán y dentro de poco sería zona protegida. Según le había comentado su tío su piel estaba muy cotizada en el mercado negro.

 -          ¡Vamos muchacho! Dinero fácil en poco tiempo. Además si no te saco de esos antros en los que te mueves de una vez, nunca te ganarás la vida “decentemente”.

 ¿Porqué le habría hecho caso? El solo era un ratero de poca monta y no tenía ni idea de cómo funcionaba un rifle. Además, ¿qué narices se le había perdido a el en la montaña?

De repente dejó de llover. No es que le molestara pero, hasta ese momento, no se había dado cuenta de que era de noche. En la espesura de los árboles no se veía nada y los ruidos del bosque no eran muy tranquilizadores. Casi empezaba a echar de menos la lluvia…

 -          Bueno chicos. Voy a pegar una meada.-dijo Carl.

 No le caía bien ninguno de los tres tíos que les acompañaban esa noche. Carl y Fred eran dos hermanos gemelos, tan feos como tontos, aunque nadie sabía más sobre la caza de animales salvajes. El otro tío era Miguel, el gorila de Hank. Era un individuo realmente enorme y casi nunca decía nada, pero si te pasabas de listo podía aplastarte la cabeza como un melón.

 -          ¡No te vayas muy lejos capullo! La última vez te caíste en unas zarzas y tardamos una hora en sacarte. ¿Te acuerdas Hank? ¡Tenía el culo tan rojo que parecía un mandril! –dijo Fred.

 Llevaban ya quince minutos esperando y Patrick se estaba empezando a poner nervioso. La noche en la gran ciudad era su mundo y en el se movía como pez en el agua, pero la oscuridad de la selva era algo nuevo y desconocido. No le gustaba.

 -          Ese idiota se habrá perdido. Seguro que no se ha llevado la linterna ¡Menos mal que soy el listo de la familia!- dijo Fred, dándole unos golpecitos al aparato.

  

Miguel miró a su tío.

 -          Hank, esto no me gusta. He escuchado historias sobre estas montañas…

-          ¿Qué… que historias? –dijo Patrick, intentando no titubear sin conseguirlo.

 Su tío resopló.

 -          No empieces con tus historias o mi sobrino se cagará encima.

 Miguel explicó que, cuando era niño, algunas personas desaparecieron en esos bosques. Su abuela le contó que en los tiempos antiguos, una mujer fue violada por un jaguar en esas montañas, y que de su vientre nació una criatura mitad hombre-mitad jaguar.  Esta criatura fue bendecida por Tezcatlipoca, el dios jaguar, y por ello cada año le ofrecía un sacrificio para honrar a su señor.

De repente escucharon un grito procedente de los árboles. Patrick se puso blanco y comenzó a recular hasta que, sin darse cuenta, su espalda topó con Miguel. La linterna de este apuntaba directamente hacia los arbustos y los ojos del chico siguieron el haz de luz.

De ellos comenzó a salir la cabeza de un felino de color amarillo y negro. Su boca, completamente abierta, enseñaba dos enormes colmillos con los que desgarraría la garganta de cualquier hombre, y sus ojos, verdes y enormes, le observaban con voracidad.

Sin previo aviso el felino se abalanzó sobre Patrick, que no tuvo tiempo de articular palabra. Solo cerró los ojos y esperó el mordisco que lo convertiría en fiambre…pero nunca llegó.

Abrió los ojos al escuchar las carcajadas de los demás. Carl salió de los arbustos casi sin poder sostenerse en pie del ataque de risa que tenía y señalando al lado de Patrick. Cuando miró en la dirección que señalaba vio la piel de un jaguar tirada a su lado con una cabeza disecada cosida.

-          ¡Sois unos hijos de puta! ¡Unos enfermos hijos de puta! –miró a su tío colérico.

-          ¡No me mires así chico, la verdad es que ha tenido muchísima gracia!-dijo su tío apenas sin aliento.

 Pese al enfado, se sintió aliviado. Por un momento se había pensado que había un jaguar de verdad. ¡Que gilipollez!

Mientras recuperaba la compostura algo cayó en su regazo. Al apuntar con su linterna vio la cabeza de Carl devolviéndole la mirada. Su cuerpo decapitado cayó al suelo y en su lugar apareció la figura de un hombre fornido, que en lugar de piel humana, mostraba los colores y manchas propias de un jaguar. En su mano derecha llevaba una especie de maza tan grande como un bate de baseball con unos filos de piedra bordeándola, y en el lugar donde debería haber el rostro de un humano, los ojos de un jaguar les observaban.

  

Los siguientes segundos parecieron ocurrir a cámara lenta. Antes de que Fred tuviera tiempo de abrir la boca la maza le reventó el cráneo. Esa cosa se movía a una velocidad inhumana y Patrick comprendió que no podría aportar mucho a la lucha. Tiró su rifle al suelo y se dispuso a correr como nunca, pero escuchó un crujido enorme seguido de un intenso dolor en su rodilla. Ese monstruo le había lanzado la maza y se la había partido.  Mientras caía observó como su tío y Miguel se disponían a dispararle pero se convirtió en un borrón amarillo y negro que, en un segundo, había recorrido la distancia que les separaba. Apartó el rifle de Hank de un manotazo y con un giro de su cuerpo golpeó su nuca con el dorso de la mano haciendo que se desmayara.

Miguel se abalanzó sobre la criatura para aplastarla bajo su peso, pero en el último momento esta saltó con una agilidad felina, haciendo que el gigante cayera de bruces en el suelo. Cuando se dio la vuelta para levantarse esa cosa se sentó sobre su pecho y le inmovilizó los brazos con sus rodillas. Sus manos agarraron la cabeza del hombre y con sus pulgares apretó en el lugar donde estaban sus ojos. Los gritos de Miguel sonaban en todo el bosque pero se silenciaron con un “crack” sonoro.

El hombre-jaguar se incorporó y dijo unas palabras en voz baja. Se acercó al lugar donde se había desplomado su tío y, como si de un insecto se tratara, puso su pie en su cuello y se lo pisó hasta partirlo.

Patrick sabía quien sería el siguiente así que intentó arrastrarse hacia la maleza.

 -          ¿A dónde vas muchacho?- dijo el hombre-jaguar.

 Según se fue acercando, el chico pudo mirar detalladamente su rostro. Los ojos de un hombre le observaban desde la boca abierta de la bestia. La cabeza monstruosa de aquella aberración era una especie de máscara y, los colores de su piel, eran una piel de jaguar que le cubrían como si fuera un traje. ¡Ese cabrón era una persona!

Se agachó a su lado y recogió la maza, que ató a su cinto. Después le agarró de la pierna rota y comenzó a tirar de el. Patrick casi perdió el conocimiento debido al dolor, pero aún y así gritó todo lo alto que pudo.

 -          ¡Tu destino es glorioso y no deberías temerlo! Ser el sacrificio del dios jaguar es un honor enorme al que pocos hombres aspiran.

 El hombre-jaguar se alejó arrastrando a Patrick tras de sí, y sus gritos se perdieron en la espesura del bosque.