Emerge R´lyeh, el inicio de la Segunda Gran Guerra ( Historia)

Relato de : Fernando Arsuaga

Ilustración de : Hector Herrera

La Antártida

El día amanecía perezoso entre las nubes, que habían descargado con toda su furia la nieve, como si quisieran ocultar el lugar elegido por el mandatario de la organización llamada “La Orden”, y mostrar así su disconformidad.
Los restos de la expedición que tuvieron que “desalojar” sus subordinados jalonaban el lugar de forma perezosa, intentando olvidar la brutalidad usada para alejar a todos los curiosos de ese lugar, la enorme pirámide de hielo.
Al vislumbrarse esos primeros rayos de sol reflejándose en la superficie nívea, comenzaron a aparecer los invitados a tan macabro Aquelarre:

Hades surgió, junto un séquito de espíritus aullantes, a través de la tundra, al son de funestas trompetas. Casi a la vez, el gigante de hielo Ymir caminó de forma cansina hacia las heladas pirámides, dejando tras de sí unas enormes pisadas, que iban disminuyendo hasta alcanzar la figura azulada actual, del tamaño de un humano grande. De entre las nubes, una bandada de karasu flanqueaba a su gran líder, O-Tengu, acompañado a cierta distancia de una hermosa y vaporosa mujer, Yama-uba, flotando sobre extrañas nubes amarillentas. La escena se completó con la llegada, al son de tambores, de un pedestal de piedra transportado por una compañía de seres oscuros, con aspecto de personas, de ojos desorbitados y en blanco, en donde reposaba Mictlantecuhtli. Tlaloct hizo su entrada al lado del demonio azteca, surgido de un rayo.
M apareció en un helicóptero, que había pasado inadvertido entre las espesas nubes y por no producir casi ningún sonido. Descendió del aparato gracias a una cadena que le sujetó, surgida desde el hielo, mostrando la ubicación del ser llamado Couger. Cuando el silencioso aparato se alejó del lugar, el Maestre de La Orden comenzó a decir: -“Ya casi podemos comenzar el encuentro, solo faltan al…”, la frase fue interrumpida por una carcajada venida desde todas partes. – “No tan rápido, faltando el invitado de honor, nada puede dar comienzo…”- dijo Loki mientras se volvía visible ante los demás. – “No os importará que os haya traído un acompañante...”. – “¡Hermano!, ¿qué haces aquí?” exclamó Hades sorprendido. El dios de los mares le miró de manera inquisitiva: - “Lo mismo que tú, pero ya hablaremos de ello más tarde…”

Couger notó una vibración extraña de sus cadenas y se giró en dirección del viento. Casi al unísono, los demás demonios notaron también esas presencias que se acercaban rodando sobre las aguas. El destripado demonio azteca hizo un gesto de tranquilidad para con los demás y sonriendo en una mueca terrible dijo: - “Yo también he traído compañía, invitados también al Encuentro, como tú me pediste” M asintió con satisfacción al ver la llegada de Anubis y Seth, sobre sendos carruajes tirados por caballos mecánicos, resoplando llamaradas a través de sus hocicos. –“Lamento que Tezcalipoca no haya podido venir, tal como me advertiste” comentó M devolviendo la sonrisa al señor de los 9 ríos subterráneos. Por último, Hela hizo acto de presencia descendiendo como un ave con su capa emplumada. – “Ya he llegado, me he auto invitado al saber que mis homónimos de otras casas estaban en la lista. Los muertos no saben guardar secretos, Hades…”

- “Siendo así, os invito a entrar al salón de la reunión” y con un movimiento circular de un artefacto, el centro de la construcción megalítica se desdibujó, separando gigantes bloques a ambos lados de la abertura en posturas imposibles, hasta mostrar un acceso hacia otro lugar. Tras un descenso de varios minutos alumbrados por linternas luminiscentes, decoradas para la ocasión, llegaron a una gran sala donde sobresalía la presencia de una gran mesa ovalada de oscura madera rematada en terciopelo rojo sangre con ribetes en dorado vetusto.

Las comitivas acompañantes observaron como la “puerta” desaparecía, volviéndose a encajar de forma imposible todos los fragmentos de piedra congelada, y se quedaban solos en las heladas llanuras del Polo Sur, esperando pacientemente el regreso de sus infernales amos.
En el amplio salón se sentía la tensión de ver a otros seres de otros inframundos, escudriñando sus respectivas intenciones. Cada comensal se mantuvo de pie vigilante, delante de un sillón, hasta que el anfitrión tomó la determinación de sentarse para mostrar que no existía trampa alguna.
La velada comenzó a transcurrir menos tirante cuando se comenzó a comer y explicar lo horribles que eran sus compañeros de panteón, algo en lo que todos parecían de acuerdo. Los sirvientes usaban unas togas similares a la de su Señor M, menos lujosas y sin distintivo alguno, en vez del acostumbrado traje negro. Comenzaron a contarse historias de cuando vivían en una gran ciudad, dándose cuenta que sus relatos se solapaban en muchos detalles... Después de un rato, Hades tomó la palabra y marcó una rotunda conclusión: - “Todos somos Atlantes, diferenciados por familias, siendo los aquí reunidos los de menor importancia entre los suyos…” Y siguiendo el hilo, M continuó: “…y por eso os reuní, para conseguir la importancia que merecéis en vuestras moradas y obtener el poder de los objetos hechos de metal estelar para llegar a ese objetivo…” – “Oricalco, aunque sólo los más poderosos son del metal puro. Otros son aleaciones…, útiles pero con menor potencial…” señaló Couger mostrando sus cadenas, “…pero eso ya lo sabías, Loki…” El dios del engaño se mantuvo impasible, pero un brillo casi imperceptible le delató frente a la mirada flamígera del atlante desheredado.
- “¿Entonces, qué ofreces a esta labor y qué pretendes obtener?” exclamó Seth, su afilada cabeza apuntando inquisitivamente a M. – “Simplemente deseo estar en el bando ganador de esta disputa…, y puedo enseñaros la ubicación de muchos de esos artefactos, tales como éste que ya poseo” Mostrando el artefacto que había usado en anteriores ocasiones, lo dejó sobre la mesa. “Es un aparato que antes usaba para doblegar las mentes de los débiles y, gracias a los conocimientos de mi socio, crear defensas momentáneas contra otros seres mucho más poderosos” O-Tengu mostró una mueca de disgusto, pero se mantuvo al margen.

Poseidón comenzó a fijarse en la habitación y comenzó a resultarle familiar la arquitectura de la misma. Tras unos breves instantes llegó a una inequívoca conclusión: Este salón era una copia casi exacta de uno de los salones principales de su reino submarino, pero a pesar de ello, poseía un aura ajena a la misma. Al correr las cortinas, solo pudo ver una obscuridad insondable.

- “Dado que están las cartas sobre la mesa, ¿podría saberse en qué lugar secreto nos encontramos?” comentó Mictlantecuhtli, al fijarse en el panorama que se veía a través de los ventanales descubiertos. – “Nos encontramos en las profundidades del océano Atlántico” contestó M con solemnidad – “En un palacio del antiguo reino de la Atlántida”
- “No es posible, la Atlántida se encuentra sumergida y anegada por las aguas” la voz de Poseidón se endureció y pareció recordar – “Yo mismo he vigilado todo el proceso durante siglos, antes de nuestra marcha”
Sin tiempo para discutir, la estancia comenzó a temblar y del suelo comenzó a surgir un cieno verde oscuro, de olor inenarrable, que corrompía la mesa y las sillas dejándolas irreconocibles. Un cántico apagado surgió desde el exterior, desde la profundidad abisal: Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn… Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh swal wgah´nagl fhtagn… Un gran ojo apareció al otro lado del cristal y escudriñó a todos los presentes. Su mirada destilaba el horror y la locura más primaria que el mundo había conocido desde hace eones. Su efigie escamosa y terrible evocaba todas las pesadillas que cualquier ser hubiera soñado en toda la historia del Universo.

Con la determinación de un dios, comenzaron a notar como toda la estancia se elevaba a una velocidad vertiginosa, y de manera imposible, las paredes y el techo parecían sostenerse a pesar de la fuerza ejercida. En unos minutos que parecieron horas, de los cristales comenzó a entrar luz solar; y la vista era totalmente increíble. Toda una ciudad se abría paso entre las olas: calles y edificios surgiendo majestuosos de la inmensidad del mar, estatuas y efigies de seres cuidadosamente tallados aunque ajados por el deterioro de la fauna y flora oceánica…y una figura titánicamente inmensa cubriendo con su sombra todo este panorama.

Un estruendoso bramido hizo salir de la estancia a todo el grupo, sin saber si el miedo o la curiosidad les instaba a hacerlo. La extraordinaria criatura sobresalía del agua y era bastante más alta que los edificios. Sus tentáculos surgidos por encima de lo que podría ser su orificio oral restallaban en el aire destruyendo sin siquiera proponérselo las puntas más elevadas de los edificios cercanos. Su sola presencia imbuyó a todos los presentes un estado de estupor y horror inconfesables. Con ayuda de una de sus extremidades superiores, alzó su robusto y putrefacto cuerpo abisal sobre la recién elevada ciudadela, posicionando sus extremidades inferiores terminadas en unos inenarrables pies de dedos tentaculares palmeados en lo que parecía la Avenida Principal de la nueva isla.
- “…y ésta es la capital del Reino de la Atlántida, estoy seguro…” pronunció solemne Poseidón, “…y por tanto se trata de Lemuria, antiguamente conocida como…” – “…R’yleh” concluyó Anubis. Todos los presentes llegaron a la misma aterradora respuesta, con la inconmensurable visión del enviado de los Primigenios a la Tierra, su mayor y primer mensajero, Cthulhu.

Por las calles surgió una marea de horriblemente deformados seres subacuáticos, que entonaban cánticos de júbilo ante el regreso de su señor. Cientos y cientos de seres apodados como profundos rodeando a su Supremo jefe y al séquito reunido por M.
El gran sacerdote de los Dioses exteriores observó al grupo, y fijándose en ellos, lanzó desde sus fauces una espora que impactó en el pecho del señor M. Después de estremecerse durante unos segundos, la mirada del Maestre de la Orden se tornó oscura e inescrutable. Con una voz gutural, comenzó a hablar Cthulhu por boca de él: “A través de la mente de este humano conozco vuestros planes. Yo os propongo que derrotemos a vuestros hermanos junto a los verdaderos dioses, mis amos. Los que os opongáis, seréis destruidos. Esto es la GUERRA”