La Llegada de Azathoth (Historia)

relato de :  Marc Simó.

Decisión de la ganadora del 1º Torneo de Influencia Primigenia : Iris Serrano.

2 de octubre de 1966
 
Hace ya varias noches que un sueño recurrente interrumpe mis descansos. Todo empieza con la titilante luz de una vela blanca que desciende suavemente por unas húmedas y frías escaleras de piedra roja. Mis pasos resuenan marcando el ritmo como tambores. El aire viciado me acompaña durante el breve descenso hasta el final del enroscado caracol donde una vieja puerta de madera espera paciente mi llegada.
 
Palabras que no logro comprender abren la puerta permitiendo el acceso a una oscura habitación. Lejos, muy lejos, la dulce melodía de una flauta empieza a sonar como vanguardia de las cosas que están por llegar. Antes de que el sudor frío y los temblores me despierten atormentado en mitad de la noche, puedo ver y sentir como mi alma es arrancada de este mundo.
 
10 de octubre de 1966
 
Pensaba que mis pesadillas habían cesado, la copa de viejo Bourbon antes de acostarme me garantizaba algunas horas de plácido descanso. Hasta hace tres noches que el sueño volvió a abrazarme. Hoy de nuevo se ha vuelto a repetir.
 
15 de octubre de 1966
 
Ahora los sueños me atormentan prácticamente cada noche.
 
Cuando el velo que separa los dos mundos cae y nubla la mente, deja de existir cualquier diferencia entre realidad o fantasía. Lo imposible se transforma en razonable y lo absurdo en lo sensato, y es en este instante cuando la flauta comienza su función.
 
Noche tras noche mi alma recorre vidas y recuerdos enlazados de  otros que ya no son y de otros que serán.
 
26 de octubre de 1966
 
He revivido fragmentos de vidas desconocidas y que ahora son prácticamente parte de mi, Nicolle Millet, Cornelia Zangari di Bandi o Mary Reeser entre otros, han dejado de ser sólo nombres para convertirse en mi familia.
 
Creo distinguir de fondo la agria melodía de la flauta, como un director que entre bambalinas mueve y dirige a sus actores, como un leitmotiv que anuncia la entrada en escena de la muerte y la locura. Sin embargo, no son meros fragmentos de vidas rotas, sino almas iniciadas que ya han culminado su misión y aceptan con orgullo el fin como parte de su propio ciclo. ¿Será su destino, también, mi sino?
 
28 de octubre de 1966
 
Esta noche ha sido diferente, he viajado hasta la Siberia de 1908, una gélida mañana de verano en las inmediaciones del río Tunguska, allí un fornido joven vestido con una camisa de algodón y pantalones gruesos esta absorto en el eterno correr de las aguas.
 
Horas antes ha dispuesto todo el escenario para el ritual. El cuchillo ceremonial, el viejo libro encontrado a través de sus peores pesadillas, un extraño círculo con un símbolo dibujado en el suelo y sólo dos antorchas iluminando la escena. Con el fuego limpia la hoja del cuchillo y lo usa para derramar sólo unas gotas de su sangre en el símbolo y en el fuego, alza el libro abierto entre sus manos, y recita las primeras palabras: “Del Caos al Caos…”. Pero algo superior le arrebata su consciencia y sus palabras se convierten en sonidos que no son de este mundo, sus rezos atraen a la locura y escupen a la vida. El cielo mismo se estremece y el fresco aire se torna viciado, entre fuego, relámpagos y gritos se desgarra la realidad formando una ventana hacia otro mundo. La amarga melodía vuelve a sonar.
 
Perezosamente unos tentáculos de carne hinchada van desplegándose desde el otro lado del portal y lo empujan hacia fuera como si trataran de ensanchar el espacio entre dos barrotes de una prisión cósmica. Otro tentáculo mayor aparece serpenteando como si tratara de explorar, palpando, aquello que no puede ver. Del tronco del apéndice, ramificaciones y protuberancias imposibles se mueven con voluntad propia danzando con la sinfonía que anuncia y precede el fin.
 
Un rugido demencial, un fogonazo y luego nada…
 
Por la mañana, cientos de hectáreas arrasadas por la explosión, árboles doblados, animales calcinados y una macabra melodía de fondo.
 
3 de noviembre de 1966
 
He logrado comprender que mis "viajes" son mucho más que visitas al reino onírico y van más allá de toda naturaleza sensible, fruto de una consciencia superior que me ha escogido para un fin y una misión que todavía no soy capaz de inteligir.
 
 
11 de noviembre de 1966
 
Esa execrable melodía ha llegado a obsesionarme hasta insanos límites, inconscientemente tarareo sus escabrosos compases a todas horas y mis movimientos se acompasan mecánicamente a las notas. Pierdo toda consciencia y voluntad cuando trabajo bajo su influencia y despierto de mi embrujo rodeado de hojas y hojas en las que he plasmado aquello que ella me ha revelado.
 
14 de noviembre de 1966
 
En la revelación de esta noche, te he conocido, ahora se que todo mi trabajo será tuyo, me he levantado con renovadas energías, dispuesto a terminar lo que he empezado, he decidido ordenar todas mis notas y pasar a limpio mis bocetos, sólo espero encontrar un recipiente digno de la verdad que me ha revelado nuestro guía.
 
18 de noviembre de 1966
 
Al fin, hoy, la consciencia suprema que ha estado guiando mis sueños y mis vigilias se ha mostrado ante mi. Esta noche, mi sueño ha sido completamente diferente y revelador.
 
Estoy más allá de la tierra, he viajado a través de planetas, soles y galaxias, he viajado más allá del todo y de la nada, he viajado hasta el lugar de dónde nace la melodía. El mismo centro del universo.
 
Me encuentro "de pie" suspendido en el vacío y a mi alrededor unas columnas de color piel se yerguen cada pocos pasos creando una espaciosa prisión. Desorientado y confuso creo ver en las columnas rostros que me observan y me examinan.
 
Fuera, el universo, veo galaxias y constelaciones imposibles, veo mundos y estrellas explotando, extrañas criaturas armadas con las sombras deformadas de instrumentos humanos.
 
Dentro, delante de mi, una colosal masa informe del mismo color que las columnas. Duerme, plácidamente, esperando ser liberado.
 
2 de diciembre de 1966
 
He conocido, casi por casualidad, a Mery Ann. Es una joven preciosa, amable, atenta y con una graciosa mancha de nacimiento en el cuello en forma de trébol.
 
3 de diciembre de 1966
 
Siguiendo las indicaciones de mis sueños he logrado hallar el sótano en el que todo comenzó… ahora se que no estoy loco.
 
4 de diciembre de 1966
 
Siento que ya he concluido mi misión y estas son las últimas líneas que lego al futuro. He dejado en estas notas todo aquello que necesitas saber para poder cumplir ahora tu cometido. Como si de una macabra máquina de Goldberg se tratara la canica rodó entre flautas y tambores malditos y golpeó la llama que prendió los hilos que me ataban al vacío mundo humano, las fichas de dominó caían y golpeaban las siguientes en un incesante avance hacia la única verdad, el Sultán de los Demonios regresaría y nosotros no éramos más que meros engranajes que giraban perfectamente engrasados y acompasados allanando el camino para ti.
 
Hoy, he aceptado que mi papel en todo ya ha finalizado, y lo he dejado todo dispuesto para que en unos años estos escritos lleguen a tus manos, traducidos a tu idioma y en el momento que así, Azathoth, ha decidido para su regreso.
 
Sabes que mis palabras son ciertas porque también has tenido los mismos sueños que he descrito, has visto las mismas columnas de carne-viva que yo he visto y has escuchado la misma melodía que a mi me hundió y luego me salvó.
 
Esta noche vendrán mis amigos, jugaremos al Poker, fumaremos tabaco de pipa importado y abriré la mejor botella de Bourbon, una de aquellas que uno siempre guarda para las ocasiones especiales. Y créeme, hoy lo será...
 
Reiremos y beberemos y a las 9, como cada miércoles, ellos se marcharán a su casa.  Después con mucha dificultad, me sentaré en el baño de mi casa, lejos de objetos que puedan prender y destruir esta obra, y le abrazaré, abrazaré la locura igual que los otros hicieron al terminar su parte en todo esto. Invocaré al sultán y podré contemplarlo con mis propios ojos, no más sueños ni dibujos garabateados en las esquinas de las hojas. Él lo sabe, pero también sabe que no es su momento, y por ello seré salvado y castigado.
 
Mañana por la mañana los periódicos y la policía dirán que me dormí en el baño con la pipa y me quemé, pero tu y yo ya sabemos la verdad, y el mundo debería conocerla y temerla. Por ello, antes de invocarle dejaré mi pipa en la habitación adyacente. Así... el que quiera ver... verá...
 
Corre, ahora... Y termina lo que nosotros empezamos por ti. Sólo puedo envidiarte por ser quien eres, el último de todos nosotros, el que, al fin, le traerá de vuelta.
 
Gracias.
 
Hoy, 4 de diciembre de 1966, finalizo mi trabajo y me entrego en cuerpo y alma al servicio y a la voluntad de Azathoth.
 
Doctor John Irving Bentley.
 
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Cuando terminó de leer, volvió a enrollar las hojas con sumo cuidado y las metió de nuevo en el tubo de cuero en el que el repartidor se lo había entregado. Estupefacta, resiguió con su mirada todas las costuras del objeto hasta que quedó fijada en una extraña marca.
 
-Señora... - interrumpió el hombre - ¿Está todo en orden?
 
A la chica le costó reaccionar. <<Este tío… ¡No tiene ni idea!¡Ni Idea! >> pensó.
 
-Si... Si... Todo bien, gracias.- dijo al levantar la cabeza.
 
Se aparto el largo pelo liso que le había caído por delante de sus oscuros y cansados ojos.  El trabajador de la compañía de repartos estaba esperándole con un bolígrafo de propaganda en la mano y una tablilla con el certificado de entrega.
 
-Por favor, DNI, nombre y la firma. - dijo mientras hacia un leve gesto con el bolígrafo para que lo cogiera.
 
<<Iris Serrano Calabuig>> firmó, le dio las gracias y se adentró en el primer callejón oscuro sin rumbo fijo. No sabía cuantas horas habían pasado, pero se sentía cansada y le dolían los pies de andar por la ciudad, todo el sinsentido que había vivido esos días estaba empeorando.
 
Sin saber porqué, hacía dos noches que había abandonado su casa, había dejado atrás a su pareja y había tomado rumbo Oeste en el primer tren. Pensaba que así podría deshacerse de los sueños que la atormentaban, pero no había sido así...
 
Y ahora, ese tubo maldito había llegado a sus manos, el mismo tubo que había visto arrancar, curtir y moldear en aquel maldito sótano al doctor Bentley en una de sus peores pesadillas. El tubo con la mancha en forma de trébol.
 
Su deambular por las frías calles de Madrid la había conducido hasta el kilómetro 0. Miró a su alrededor y lo comprendió… Era lo que tenía que hacer.
 
La locura, justa y ciega, del Sultán era exactamente lo que necesitaba esa sociedad en decadencia que hacía más de un año estaba perdiendo el rumbo con tantos falsos dioses, ídolos y aberraciones.
 
Subió las escaleras que conducían a la azotea del viejo edificio e hizo el último tramo con una mezcla de excitación y miedo. Empujó la puerta de seguridad y cedió fácilmente. Avanzó lentamente hacia la cornisa y contempló la ciudad. Sólo un chico se percató de su presencia.
 
Con mucho cuidado vació el contenido del tubo de cuero. Una tiza, los documentos y un cuchillo ceremonial. Dibujó el extraño símbolo que había visto decenas de veces en sueños, sabía dónde debía buscar entre los documentos hasta que encontró las palabras y se cortó la palma de la mano para derramar su sangre mientras recitaba su oración.
 
Cuando terminó, el cielo de todo Madrid oscureció por completo. Y un intenso fogonazo anunció la aparición del portal de fuego y relámpagos.
 
– ¡Ahora todos podrán escuchar la melodía ! – Gritó. Toda la plaza se había girado en dirección a ella y contemplaron su último y más macabro espectáculo.
 
Los tentáculos salieron del agujero y desgarraron el cielo hasta que dejaron paso a la bestia.
 
Aquellos que se habían quedado a contemplar el espectáculo murieron calcinados, a los que intentaron huir la explosión que siguió les desgarró la carne, desintegró huesos, vehículos y edificios. Nada quedó en trescientos quilómetros a la redonda, nada, excepto ella, de pie en su azotea mirando cara a cara al Nuevo Dios. La bulliciosa ciudad era ahora un desierto erial de arena, ruinas y muerte, en el que el único sonido que se escuchaba era la melodía de una flauta y las carcajadas de la chica que se fueron apagando poco a poco, mientras ella ardía más y más hasta que el Gran Azathoth le permitió formar parte de él.