Las primeras sombras (Historia)

Autor: Franky Lara

Ilustradora: Helen Ferroni

La lámpara de queroseno alumbraba débilmente la estancia, cinco sombras entorno a una mesa, en silencio, aguardando, habían quedado en secreto, ni sus mas allegados sospechaban de la naturaleza de la reunión. Todos cruzaban sus miradas entre ellos, nerviosos, expectantes, incluso incrédulos, en su fuero mas interno dudaban de que esta noche no fuese mas que otra noche perdida, otra búsqueda infructuosa de la piedra filosofal, sin embargo el extraño había parecido tan convincente, no se asemejaba al resto de charlatanes que tanto abundaban en aquella época.

-Esto no me gusta, esta tardando demasiado.- Rompió el silencio Edward Hutchinson, un alquimista de la cercana aldea de Salem.
-Paciencia Hutchinson, vendrá.- Trato de calmarlo Joseph Curwen, un exitoso comerciante  nacido en la aldea de Salem que poseía el  aspecto de un caballero ingles y que recientemente se había instalado en Salem tras múltiples viajes por Europa.
-Como puedes estar tan seguro Curwen, a mi también me da mala espina.- Esta vez el que mostraba sus dudas era Simon Orne, un nigromante de Salem.
-Todos queremos lo mismo, estamos buscando la inmortalidad, y si su precio es tener que esperar a ese maldito hombre, lo esperaremos. Y lo haremos en silencio. -El marcado acento de Vladimir lo delataba como estrangero, era un anciano procedente de Europa que había llegado a aquella zona de Massachusetts recientemente y nadie sabia demasiado sobre el.
-No sabemos quien es, ni siquiera nos ha dicho su nombre.- Hutchinson contino exponiendo sus dudas.- Que clase de hombre se identifica con una letra.
- Callaos todos, se acerca alguien.- Interrumpió Martha Corey, una septuagenaria granjera de Salem en cuya casa se encontraban actualmente, su marido, vecino y amigo de Orne se encontraba de viaje en una feria de ganado.
En efecto fuera de la cabaña de los Corey se oía, junto con el viento de la noche y el quejido de las ramas de los árboles, la llegada de un caballo. Expectantes oyeron como el jinete descabalgaba y se acercaba con paso tranquilo a la puerta. Esta, no tardo en abrirse con el lastimoso sonido de la bisagras oxidadas.
-Buenas noches caballeros, señora, lamento el retraso.- Dijo un jovencísimo muchacho de ojos azules y barbita rojiza ataviado con una gabardina de piel negra, mientras levantaba su sombrero a modo de saludo.
La señora Corey se levanto presurosa a coger el abrigo y el sombrero del recién llegado y ha cerrar nerviosa la puerta de la casa no sin antes escrutar en la oscura noche en busca de ...
-A quien mas esperas Martha? - Pregunto Simon extrañado.
-Eh? A nadie por supuesto.- Dijo la señora Corey cerrando la puerta tras su espalda, luego colgó las pertenencias del muchacho y tomo asiento en la mesa donde ya estaban todos los demás impacientes.
-Bien, podemos empezar entonces? -Espetó Vladimir sin disimular su descontento.
-Por supuesto que si señores, y acepte mis disculpas mas sinceras, se bien que el tiempo no juega a su favor.
- El comentario del muchacho no pareció agradar lo mas mínimo a Vladimir, mas no añadió nada aparte de una especie de gruñido.
-Como ya todos sabéis hay otras fuerzas en este mundo, fuerzas que deben ser temidas y respetadas, pero que también pueden ser controladas. No por cualquiera sin duda, pero casualmente nos hallamos aquí reunidos los indicados para intentarlo. Nuestro querido amigo Vladimir sin ir mas lejos nació en Valaquia hace mas de doscientos años.
- El resto de conspiradores observaron con renovado interés al anciano, pues en realidad apenas se conocían entre ellos.
- Orne en cambio es capaz de reanimar cadáveres aunque de una forma muy precaria... aun. Por otro lado el señor Curwen es mas que conocido por sus negocios e importaciones y por tanto capaz de conseguir cualquier cosa a cualquier precio y en cualquier lugar. El señor Hutchinson posee una de las mas maravillosas bibliotecas de nuestros tiempos, de un valor incalculable para nosotros y entre las que se esconde una copia del Necronomicon.
-En esta ocasión todos se giraron hacia Edward, quien no pudo hacer otra cosa que intentar disimular ante tanta admiración.
- Y por ultimo tenemos a nuestra anfitriona, la señora Corey a diferencia del resto no desea la inmortalidad, o no al menos como la entendemos los demás, su posesión mas valiosa es su lealtad y será nuestra salvaguarda si las cosas se tuercen. -Los demás por primera vez observaron en Martha un brillo de orgullo y de locura en sus ojos, sin duda era una fanática, pero de quien o de que?
-Todo esto nos deja con una duda.- Observo Curwen.- Que aportas tu y porque te necesitamos?
-Muy cierto, de hecho mas bien creo que el nos necesita a nosotros.- Apunto Orne.
-Ciertamente sabe mucho de nosotros y nosotros nada de el.- Añadió Vladimir el cual se sentía molesto desde que se revelase su secreta naturaleza, la cual había mantenido con mucho celo durante su vida.
-Jejeje, entiendo todas y cada una de vuestras dudas, sabed que la información es poder y sin duda eso es lo que yo aporto a este variopinto grupo, no necesito nada de vosotros que no pueda conseguir de otras formas, y por mi parte podéis seguir cada uno por vuestro camino.- El misterioso joven hizo una pausa para que los demás asimilasen su advertencia.
- Magnifico entonces, nos reuniremos el primer jueves de cada mes en esta casa a esta hora, continuareis haciendo vuestra vida normal con la máxima discreción y estaréis siempre a mi disposición cuando os lo solicite.

- El muchacho espero nuevamente a que cada uno de los presentes asintiera antes de continuar, el ultimo en hacerlo fue Vladimir.

- Estupendo, entended todos que las fuerzas que conjuraremos son difíciles de dominar y que no podemos levantar sospechas. Ante el mas síntoma de peligro, los Corey darán la voz de alarma y todos nos dispersaremos. A quedado claro?- De nuevo todos asintieron, incluso Martha que mostraba una sonrisa radiante.
- Bien, tened siempre un plan de escape preparado y aguardad mis ordenes. Señores a sido un placer, Martha, mi abrigo por favor.

Una vez se marcho el joven, los demás volvieron a quedar en silencio, cinco sombras entorno a una mesa, iluminadas tenuemente por una lámpara de queroseno.