Muerte Azteca (Historia)

Autores: Javier Gongora y Sergi de la Fuente

Xipe Totec salió de la guarida de Coatlicue cabizbajo. Su orgullo estaba por los suelos después fe haber tenido que pedir ayuda a Coatlicue y a Xiuhtecuhtli para combatir a los primigenios. Debido a este orgullo y a su prepotencia, casi consiguió su propia destrucción y la de los suyos. Y esto era algo que le atormentaba.
Lo que no sabía era que un pequeño humanoide llamado Loki, el dios del engaño, había estado siguiendo sus pasos y se encontraba a pocos metros de él, escondido entre la frondosidad de la jungla...
 
Una hora más tarde
Coatlicue estaba sentada en una gran butaca reflexionando sobre lo que acababa de suceder. Se había hecho servir una gran copa de sangre humana, de un sacrificio realizado quinientos años atrás. No obstante, sabía que se enfrentaban a un gran poder, ya que sino las grandes reuniones con los demás dioses no hubiesen sido necesarias. Lo que no esperaba era tal inmensidad de poder.
Se acabó la copa e hizo sonar una campana que tenía encima de una mesa situada a apenas veinte centímetros de la butaca para que le trajeran otra copa. Sintió unos pasos de fondo, pero al ver la cara de la persona que se acercaba no vio el habitual rostro de su criado, sino que vio a Loki:
-Tu... Hacía demasiado tiempo que no te veía... -dijo Coatlicue con calma. -Sospechaba que intentarías sacar tajada ante esta situación.
-Vaya imagen tienes de mi... ¿Por qué debería estar tramando nada, Coatli? -dijo Loki con su típica sonrisa pícara.
-Hace apenas una hora se ha ido Xipe, el cual hacía siglos que no venía, y ahora apareces tú y tu lengua de víbora... Si quieres conservarla, más te vale que no me vuelvas a llamar Coatli, ¿entendido?
-Vale, vale... -Le dijo mientras le daba la copa. <<vaya genio tiene, parece la mismísima Cleopatra>> -Yo venía con información confidencial para ti, pero veo que no la quieres...
-Tu información no es de fiar, mentiroso. Nunca lo es. -dijo ella sin demasiada confianza, pues sabía que en aquella situación toda información era poder.
-Eso no lo sabrás. O no sabrás si te miento por completo o si te digo la verdad... O parte de ella. Todo depende de cuánto quieras arriesgar.
Coatlicue dudó. No sabía si sería una trampa lo que le iba a contar o no, pero tenía que saberlo.
-Dime de qué se trata.
-Vaya, así que al final quieres saberlo... Xipe ha venido a pedirte ayuda, ¿verdad? -preguntó Loki.
-¿Cómo sabes tú eso? -contestó con el justo asombro la diosa azteca.
-Porque antes que a ti, ha ido a pedir ayuda a Xiuhtecuhtli. ¿No te lo ha dicho? -preguntó retóricamente Loki, que ya sabía la respuesta. -Y tú no serás la última a la que se lo diga...
Coatlicue se paró a pensar. Ella creía que la información era confidencial suya, y que iba a poder ganar la guerra ella sola y conseguir todo el honor y la reputación de antaño.
-Veo que la que ha perdido la lengua has sido tú... Quiere que cuando vayáis a por los primigenios, veáis a Xiuhtecuhtli victorioso y con toda la gloria que mereces tú... ¿No crees?
La diosa no contestó. Cerró los ojos e inspiró. No sabía hasta qué punto podía ser verdad lo que le estaba contando, pero si era cierto tenía que actuar. Segundos después, cuando abrió los ojos,  vio que Loki había desaparecido.
 
Dos días más tarde
Loki iba caminando entre la maleza, sorteando ramas y arbustos como podía. Hacía muchos años que no tenía que recurrir a la técnica de disfrazarse para poder llegar a manipular a alguien, y eso le hacía sentir incómodo. Además, jamás había imaginado que debería disfrazarse de Huitzilopochtli. En un momento se despistó y tropezó con una rama. Después de tambalearse e intentar mantener el equilibrio, cayó al suelo.
 
Se levantó, se adecentó la ropa y prosiguió su camino hasta llegar a la guarida de Xiuhtecuhtli. Esperó no llegaba a diez minutos hasta que lo vio salir y se acercó a él. Extrañamente, estaba nervioso.  
 
- Huitzilopochtli, ¿qué haces aquí? -Preguntó sorprendido Xiuhtecuhtli sin saber que en realidad era Loki.
 
-He venido a advertirte. -Contestó Loki, que al ver que el disfraz había sido efectivo consiguió calmar sus nervios.
 
-Advertirme, ¿de qué? - Xiuhtecuhtli se extrañó. Sabía a ciencia cierta que el tema a tratar iba a ser el ataque de los Primigenios, pero no sabía porque también sospechaba que el tema iba a ir por la llamada de ayuda que había recibido de Xipe Totec. -Acompáñame, tengo prisa.
 
-Xipe vino hace un tiempo a pedirte ayuda, ¿verdad? Antes de que me preguntes nada, estoy al corriente de todo lo que está pasando por aquí y por eso he venido a ayudarte. ¿Sabes que también le ha contado a Coatlicue su situación y le ha pedido ayuda? Apuesto a que no te dijo nada cuando vino…
 
-No, no me contó nada. Pero encuentro normal que pida ayuda a más dioses para combatirlos. ¿En qué me iba a ayudar esto?
 
-Espera, que aún no he acabado. A mi Xipe no me dijo nada tampoco, me lo contó la jungla. Se ve que Xipe quiere que Coatlicue se adelante en la ofensiva para así poder derrotar al ejército invasor ella sola y no tener que esperar a que reúnas tu ejército. Además, de esta forma, ella quiere obtener el reconocimiento y el poder que ha ido perdiendo con el paso del tiempo. –Loki cada vez veía más dudoso a Xiuhtecuhtli.
 
-Típico de ella. Siempre intentando ganar poder a toda costa. Si quiere estamparse, ella misma, yo voy a esperar a reunir mi ejército.
 
-¿Seguro? Ella tiene un gran poder, mucho mayor que el de Xipe, y además cuenta con aliados ancestrales que podrán derrotar a los Primigenios en un abrir y cerrar de ojos. –Mintió Loki, quién dudaba que pudiese sacar algo de ese encuentro.
 
No obstante, pese a las dudas de Loki, un gran sentimiento de odio y envidia recorría el cuerpo de Xiuhtecuhtli. Hasta tal punto que cada vez hacía más y más calor.
 
-Entendido. –Contestó Xiuhtecuhtli. –Coatlicue no se saldrá con la suya. No si puedo evitarlo. Gracias por el aviso, Huitzilopochtli.
 
-De nada. Todo por proteger y ayudar a mis aliados. Con todo esto, debo partir.
 
Y sin más dilación, Loki desapareció entre la maleza.
 
Una semana más tarde
Xiuhtecuhtli salió de su morada decidido a plantar cara a la horda primigenia.
Cuando llego al templo en ruinas de  Xipe Totec quedo impresionado de la magnitud del poder de los invasores. No obstante, siguió el fácil camino de destrucción que habían dejado. Un par de horas después llegaron a lo que antaño había sido un altar de sacrificio azteca, ahora tomado por los primigenios. Al verlos, encolerizó y ordenó la carga contra los invasores. Nada más empezar a correr, vio como un ente con forma de mujer y un pequeño ejército empezaba otra carga saliendo de unos árboles situados a no más de 100m de distancia de su posición. Al ver a la mujer, reconoció su rostro inmediatamente:
-¡Tú no deberías estar aquí! -le gritó desde la distancia.

Coatlicue escuchó el grito de Xiuhtecuhtli y rió para sus adentros, se imaginaba la sorpresa y la rabia que debía sentir el dios del fuego y el tiempo por la gloria inmerecida que ahora se le escapaba de las manos. Gloria que le pertenecía a ella, la diosa madre, al acudir en la ayuda de uno de sus hijos, así que ignorando deliberadamente al otro dios, chocó con sus tropas contra la marea de invasores. Había acudido a la cita como diosa de la muerte, preparada para cosechar las almas de sus enemigos y llevarlas al Mitclán, era la hora para los invasores. Ataviada solo con una falda de serpientes vivas que apenas tapaba sus muslos y un collar de corazones de sus últimos sacrificios, la hermosa y provocativa figura de la diosa se movía entre las filas de fanáticos y abominaciones de sus enemigos con gracia felina acabando con sus vidas apenas se cruzaban en su camino.
En el otro flanco, un iracundo Xiuhtecuhtli envuelto en llamas calcinaba a sus enemigos con  simples gestos de sus manos. Estaba descargando toda su rabia contra las hordas de dementes de sus enemigos, pero no podía quitarse de la cabeza la insolencia de Coaticue. Cada vez que intentaba comunicarse con ella, lo único que recibía como respuesta era una sonora carcajada. Finalmente, harto de burlas y provocaciones, Xiuhtecuhtli dejó que sus tropas avanzaran sin el y se dirigió hacia Coatlicue.
Coatlicue sonrió al ver como su “aliado” dejaba de acosar al enemigo para encararse hacia ella, debía haber herido su orgullo un poquito mas de lo esperado si ha conseguido que Xiuhtecuhtli desatendiera una batalla. Divertida y despreocupada, Coatlicue dejó el avance de sus tropas a manos de sus sacerdotes y se dirigió al encuentro del dios del fuego.
- Estúpida arrogante, sabes lo que nos jugamos aquí? Este no es otro de tus juegos, no has visto las ruinas del templo de uno de tus hijos de camino? -  Xiuhtecuhtli estaba prácticamente fuera de sí, se había visto obligado a precipitarse a batalla para darle una lección de humildad y o único que recibía a cambio eran burlas. Había venido para hacerla entrar en razón y colaborar, pero se le estaba acabando la paciencia a un ritmo preocupante.
- Xiuhi, tranquilo, crees que en el bando enemigo hay alguien que se pueda enfrentar a mi poder? Los que no mueren bajo mis manos lo hacen en el lodo, escupiendo sangre envenenada por la horda de serpientes que he extendido.

- No temo a los enemigos que tenemos hoy delante, temo a los que están detrás de todo esto, y tu deberías temerlos también... ya lo hiciste una vez, o acaso han pasado demasiadas edades? Te puede el ansia de poder, poder que perdiste tu y todos nosotros, pero no lo vas a recuperar aquí... no a costa de la vida de mis soldados. Reagrúpate conmigo, aplastemos a estos dementes y deja de comportarte como una estúpida.
- Eso era una orden? Tuya? - Xiuhtecuhtli había dado en un punto sensible y no estaba dispuesta a aceptar ordenes suyas-  Xiuhi, eres el perro de fuego de mi hijo y un dios de segunda... y a mis ojos siempre lo serás, por mucha gloria que intentes obtener de esta batalla, así que...
El puño en llamas de Xiuhtecuhtli voló rápidamente hacia la cara de Coatlicue, esta pudo apartar la cara para evitar lo peor del golpe, pero le dejó una fea quemadura en su hombro. Aunque en unas pocas horas habría desaparecido, el hecho de que Xiuhtecuhtli le hubiera herido le hizo entraren cólera y se abalanzó sobre el dios del fuego. Este, concentrando su poder sobre las mareas del tiempo, se movió a una velocidad asombrosa para esquivar sin problemas a la diosa y propinarle un violento golpe en la boca del estómago, haciendo retroceder a la diosa madre Azteca, que se agarraba el dolorido vientre.
De pronto, en uno de los pasos que daba hacia atrás para volver a coger impulso a fin de someter a su dolorido rival, la pierna derecha de Xiuhtecuhtlile falló y tuvo que apoyar la rodilla para no acabar en el suelo. Cuando miró que había sucedido, vio una mordedura de serpiente en el muslo que le estaba paralizando la pierna de cintura para abajo, ¿cuando le había hecho esa herida?. Levantó la mirada hacia Coatlicue, que esbozaba media sonrisa en su mueca de dolor.
- Crees que esto me va a hacer algo? Eres mas lamentable de lo que había imaginado. - Con un pensamiento, Xiuhtecuhtli quemó el veneno dentro de su cuerpo y cauterizó la herida. De los dos puntitos rojos de la mordedura salieron u par de nubecillas de vapor.
- No mi pequeño Xiuhi, esto es solo una muestra de lo que te va a suceder como vuelvas a tocarme. - Lentamente, llevó su mano a uno de los corazones de su collar y con una de sus afiladas uñas le hizo un corte, y este empezó a derramar sangre sobre su torso y su mano. Después de pronunciar una palabras muy bajito, levantó la mirada hacia Xiuhtecuhtli. El diós del fuego, notó un tremendo peso sobre sus hombros y vio como poco a poco las llamas que recorrían su cuerpo empezaban a extinguirse. - Y no pienso volver a avisarte...
Antes de que las tensiones siguieran creciendo, ambos dioses escucharon un grito que provenía desde sus filas. Xipe-Totec, sin dar crédito a lo que veía, se estaba dirigiendo hacia ellos maldiciendo casi al panteón entero.
- Pero que demonios esta pasando? He venido con el resto de mi ejército esperando hacer labores de reconocimiento antes de esperar vuestra llegada y me encuentro que ambos os habéis puesto en marcha con solo una fracción de vuestras fuerzas? Acaso no te quedo claro contra que combatíamos madre? Es que has perdido la razón Xiuhtecuhtli? Esto no es propio de ti, no es propio de ninguno de vosotros. Vuestras tropas están siendo superadas mientras os estáis peleando como niños, que pretendéis, por el amor del dios sol?
- Precisamente fue él quien me advirtió Xipe, tu hermano, de como pretendías usarme para colmarla de gloria mientras yo quedaba como el simple testigo de su hazaña. - Xiuhtecuhtli seguía indignado y no estaba dispuesto a ceder tan fácilmente, encontraba una gran coincidencia que de haber seguido el plan, sus fuerzas hubiesen sido las últimas en llegar y tal vez la batalla ya habría acabado...
Pero Coatlicue sí que ató cabos, conocía a su hijo perfectamente y sabía que de haber sido cierto lo que decía Xiuhtecuhtli, habría intentado razonar con ella antes de forzarle a precipitarse a la batalla. Habían sido engañados y estaba segura de saber quién... solo necesitaba pruebas. Lo que mas le dolía era que para engañar a  Xiuhtecuhtli al parecer habían tenido que recurrir al disfraz y suplantar al mismo Huitzilopochtli, para ella, solo con una dulce mentira susurrada al oído... Miró a su alrededor y vió que lo que decía su hijo era cierto, aún con la llegada de las tropas de Xipe-Totec, la situación de la batalla no les era favorable, y no cambiaría de seguir en este callejón.
- Lo siento Xiuhtecuhtli, Xipe-Totec. Al parecer hemos sido todos engañados, yo la primera, y preferí la posibilidad de conseguir un poco de gloria antes de intentar ver mas allá de la mentira. Creo saber quién es el culpable, aunque desconozco los motivos, pero dejemos todo esto para más tarde... Xiuhi, eres el único que puede evitar este desastre, mi hermano confía en ti en batalla... yo y mis tropas estamos a tu disposición.- Estaba llena de vergüenza por dentro por verse en esta situación, pero sobre todo por el engaño que habían sufrido los suyos a su costa.
 
 
Con los dioses devuelta y liderados por Xiuhtecuhtli, las fuerzas aztecas estaban girando las tornas de la batalla. Los fanáticos estaban siendo diezmados y los monstruos contra los que Xipe ya había luchado estaban cediendo terreno. En la otra punta de la batalla, Xipe veía como  Xiuhtecuhtli estaba sometiendo a una monstruosidad de varios metros de altura, sus golpes resonaban por el campo de batalla como disparos de cañón y el enemigo mostraba signos de no poder aguantar ningún golpe más de ese tipo. Con el enemigo totalmente derrotado, Xiuhtecuhtli le introdujo la mano dentro de la caja torácica abriendo una enorme herida y lo hizo arder por dentro hasta que se derritieron hasta ojos y dientes. Las tropas aztecas gritaban de furia y excitación mientras que los hombres pez parecían perder todo interés por seguir la lucha. Pero en ese momento, con el dios del fuego en lo mas alto de la colina y la batalla a punto de ser ganada, empezó la pesadilla.
Xipe-Totec y Coatlicue lo notaron al instante y miraron al mismo tiempo. Xiuhtecuhtli estaba parado en la cima, con cara de incrédulo, mirándose al pecho, donde medio palmo de acero salía donde antes estaba su esternón. Como podía ser posible? Estaba rodeado de aliados y  Xiuhtecuhtli no era de los que bajaban la guardia a la primera de cambio... La  “espada” fue atravesando al dios hasta que lo elevó medio metro del suelo y finalmente pudieron ver al atacante: uno de sus generales, que estaba empujando su espada con aire ausente. Entonces la espada empezó a moverse con vida propia, y a separarse en lo que parecían un par de tentáculos. El asesino, también cambiaba a la par que su arma y poco a poco surgían de su cuerpo mas tentáculos a medida que iba creciendo de tamaño. Nyarlathotep acabó la transformación, y con el cuerpo de Xiuhtecuhtli a sus pies emitió un rugido que hizo que todos los mortales cercanos se arrancasen trozos de piel de la cara a arañazos en un fútil intento de sacar esta imagen de sus mentes. Respondiendo a esta llamada, centenares de monstruosidades salieron de la nada. Demonios alados que hacían enloquecer con sus chillidos, gusanos gigantes capaces de engullir un hombre entero con sus fauces llenas de tentáculos... Y con Xiuhtecuhtli fuera de combate y su flanco totalmente destrozado, fue cuestión de tiempo que el ejército azteca desapareciera engullido por estas abominaciones.
 
 
Coatlicue entró en la cueva de forma sigilosa, asegurándose que no había peligro y mirando de que nadie la viese entrar. Llevaba un par de días buscándolos y era asombroso la distancia que habían logrado cubrir pese a sus heridas. No tubo que entrar mucho para empezar a escuchar una voz que le mandaba detenerse.
- Tranquilo hijo, soy yo...
Dentro, Xipe estaba en guardia, lleno de heridas, con los ojos cansados y el cuerpo de  Xiuhtecuhtli a sus piés.
- He hecho todo lo que he podido madre, lo siento, pero esta herida escapa a mis capacidades de curación... pensaba que tal vez si...
- Por supuesto Xipe-Totec, por supuesto, déjalo en mis manos y descansa, no hay ningún enemigo cerca. - Coatlicue hecho un vistazo a la herida y a lo que había hecho su hijo para mantener el dios del fuego con vida. - Tranquilo, sobrevivirá, ha sido una suerte que os encontrara tan rápido... Si... si, no te preocupes hijo lo salvaremos, en nada Xiuhi volverá a comandar tropas para darles...
Coatlicue se dio cuenta de su hijo no la estaba escuchando, estaba hecho un ovillo, agarrando su bastón con fuerza y con la mirada perdida llena de odio. Con su poder y los cuidados necesarios, Xiuhtecuhtli podría volver a caminar por su propio pié en una semana, pero aún y sin contar al dios del fuego como baja, las pérdidas de hoy habían sido terribles. El enemigo era mucho mas poderoso de lo que había esperado y habían perdido demasiados hombres. EL bebedor nocturno estaba sufriendo como nadie, por primera vez, Xipe-Totec se estaba dando cuenta que por mucho que se entregue y se sacrifique para parar-los, puede que no sea suficiente y el mundo y su gente se vea arrastrada hacia una oscuridad aterradora. Pero todavía no estaba todo perdido... aunque Coatlicue tenía claro que no podían hacerlo solos.