Oceolt y el Desollado 2º Parte ( Historia)

Autor : Sergi de la Fuente

Ilustrador : Javier Santamaria

Ocelotl estaba totalmente rodeado por varias decenas de enemigos. Veía bastante improbable que pudiera deshacerse de ellos para llegar al templo a tiempo, así que llegó a la conclusión de lo que tendía que hacer es mirar de entretenerlos el mayor tiempo posible. Ordenó la retirada con la esperanza de que quedase alguien con vida, había visto morir a Itzcuauhtli, pero tal vez alguien más hubiera sobrevivido... por el bien del templo. Decidido a llevar acabo su plan hasta las últimas consecuencias, Ocelotl empezó a disparar con su átlatl a discreción, enviando de vuelta al agua con un proyectil en el pecho o la cabeza a todos los enemigos que se le ponían a tiro. Cada tres o cuatro disparos, saltaba grácilmente al árbol de al lado para volver a coger distancia y seguir acribillándolos. Volvió a cambiar de árbol, tanteó su carcaj y notó como empezaba a andar corto de munición, se tomó un segundo para pensar que haría cuando disparara su última jabalina y volvió a cargar su arma. Justo cuando estaba lanzando e proyectil, notó como algo le agarraba por los hombros y lo elevaba del suelo. Soltó el átlatl y giró la cabeza hacia atrás para ver que lo estaba sujetando, y vio una especie de demonio de color pálido que lo estaba sujetando con las patas. Ese nuevo monstruo estaba cogiendo altura lentamente, y en pocos instantes Ocelotl ya se encontraba por encima de las copas de los árboles. Cogió las patas de la bestia por instinto justo antes de que esta abriera las patas para dejarlo caer, quedándose colgado aguantando su propio peso con las manos. Viendo su final ya próximo, Ocelotl se dejó ir de una mano rápidamente y alcanzó su cuchillo para clavarlo en una de las patas de su verdugo, pero el monstruo sacudió las patas violentamente abriéndole tres surcos rojos en la cara al veterano guerrero con las garras. Entre la fuerza de la sacudida y el golpe, Ocelotl cayó.

 

Itzpapalotl pudo ver des de lejos como Ocelotl caía a la selva gritando de rabia. Susurró una plegaria para su superior, ya que gracias a su sacrificio había salvado la vida, y con un poco de suerte el templo. Sin perder un segundo, volvió de vuelta al templo para alertarles de lo que se les venia encima.

 

 

 

Xipe- Totec Seguía en Alvarado. Después de que la ola se retirase, había vuelto a ordenar un reconocimiento de los alrededores del cráter para asegurarse de que todo seguía en su sitio. Al parecer todo seguía en calma, pero el dios seguía inquieto, algo se le escapaba y no sabía el que, y estaba dispuesto a quedarse el tiempo necesario para averiguarlo. Se quedó mirando fijamente el mar, intentando descifrar algún fragmento del plan enemigo, pero no conseguía ver nada, y en su interior iba creciendo la preocupación.

 

Ofuscado buscando una traza de las intenciones de Cthulhu, la cara de su hermano blanco le apareció en la mente como un relámpago. Abrió los ojos de par en par, sobresaltado, sin saber que pintaba su hermano en todo eso. De pronto escuchó en su cabeza la voz de Quetzalcóatl, parecía intentar comunicarse con el, pero seguramente le estaba siendo muy difícil estando el perdido en las afueras de Alvarado después de lo que había pasado. Xipe-Totec cerró los ojos para concentrarse en el, quien tal vez pudiera advertirle de lo que se proponían los antiguos dioses. Lentamente, la forma serpentina del dios de la sabiduría se le apareció, y le habló lleno de angustia: “Hermano... tienes que volver a Itza, tu enemigo esta acechando tu templo y preparando el ataque. Tus fieles no lucharán solos, pero te necesitarán para alcanzar la victoria. Date prisa señor desollado, o tu casa sera devorada por las aguas.” Dicho esto, la imagen se desvaneció.

 

Xipe-Totec salió de su ensoñación y empezó a dar órdenes frenéticamente. Al parecer el tiempo corría en su contray cada segundo perdido podría significar la pérdida de Itza. Mandó llamar a Tzimitzli y re-ordenó a los supervivientes en dos grupos; el primero, con la mayoría de supervivientes, sería liderado por el general y aseguraría el traslado de los prisioneros al templo mas próximo, el segundo, al mando del mismo dios, de una cincuentena de hombres, sería el encargado de volver a Itza para ayudar en su defensa. Cincuenta eran pocos, demasiado pocos, pero no podía prescindir de ninguno más para el traslado de los prisioneros. Con las partidas organizadas, Xipe-Totec volvió a concentrarse a fin de volver a realizar el ritual para transportar a sus tropas de vuelta al templo.

 

 

A unos treinta kilómetros del templo, en medio de la jungla ahora empantanada por el agua salada, las tropas aztecas salieron de la nada con su dios en cabeza para ayudar en la defensa de su templo. Xipe-Totec lanzó una maldición, se había precipitado a la hora le lanzar el hechizo y ahora perderían un tiempo precioso llegando hasta Itza. Sin dejar tiempo a que sus tropas se situaran, ordenó la marcha hacia su templo deseando llegar a tiempo.

 

A medida que se iban acercando a Itza, se veía una columna de humo que no hizo mas que aumentar la rabia y la velocidad de los Mexicas, que en poco mas de una hora cubrieron la distancia que les separaba de su casa. Xipe-Totec, fue el primero en entrar en la ciudad, y se detuvo en la entrada al ver que seguramente habían llegado demasiado tarde. La mayoría de edificios estaban en ruinas, y los que no, eran una pira en llamas a punto de derrumbarse. No se veía señal alguna de sus enemigos, solo la destrucción que habían dejado a su paso. Solo un edificio parecía haber resistido el ataque... el mas importante, su templo. Lentamente y con el ánimo derrotado, se dirigió hacia él.

 

Poco a poco se fue fijando en el estado de la ciudad... las casas reducidas a escombros, el nido de las águilas quemado hasta los cimientos... hasta el propio templo, pudo ver a medida que se acercaba como en las plantas inferiores la piedra tenía profundos surcos y hasta faltaban algunos bloques, desperdigados a varios metros de distancia... que demonios había podido mover de su sitio tales bloques de roca maciza? Por lo menos los pisos superiores parecían en buen estado y estaban empezando a salir tímidamente los supervivientes de la masacre. Guerreros, sacerdotes,algunos pueblerinos y... los aliados de su hermano.

 

Xipe-Totec ordenó a sus hombres que apagaran los fuegos que seguían devorando los edificios de la ciudad y buscaran a cualquier superviviente entre las ruinas de la ciudad... no era la primera vez que daba esa orden en muy poco tiempo y un escalofrío recorrió la espalda del señor desollado. Mientras la tropa se esforzaba en apagar fuegos y rebuscar entre escombros, Xipe-Totec se dirigió a la pirámide en busca de respuestas. Fue la naga Kadru, fiel aliada de su hermano blanco quien salió en su búsqueda erigiéndose como líder de los supervivientes.

 

- Kadru... es un inmenso honor que hayas venido a ayudar a mi gente. No olvidaré este gesto fácilmente. Dime, que demonios ha pasado aquí?

- Demonioss... ssi mi sseñor – Respondió la naga con una profunda reverencia. - La gran sserpiente blanca noss pusso en marcha para proteger tu templo de loss demonioss. Demonioss que tu azuzasste y que han arrassado essta ciudad porqué tu loss menospreciasste...

Las palabras de Kadru se clavaron como estacas en el alma del Xipe-Totec, consciente de que había fallado a su gente al pensar que podría acabar con esa amenaza él solo y de un solo golpe.

- Llegamoss cuando la ciudad ya esstava ssitiada... tu sacerdote habia levantado una denssa niebla alrededor para frenar a loss invassoress... pero eran demassiados... y nossotros demassiado pocos... y less acompañaban criaturass de pessadilla. Un gigante que hacía temblar la tierra a cada passo y que aplastaba a tuss guerreross con la missma facilidad con la que sse aplasstaría un huevo de quetzal y unoss monsstruoss con alass que parecían humanoss que sse llevaron a tu ssacerdote... y con el ssu mágia... Tu hermano noss pidió que hieratismos todo lo possible, assí que los desspertamoss... sacamoss a los antíguos amoss de la jungla para que noss ayudaran, sacamoss a loss hombress lagarto de ssu prissión de piedra y ssu cacique loss lanzó contra essas criaturass... pero lo único que consseguimoss fue proteger la pirámide... y de no haber llegado a tiempo sseguramente no quedaría nadie con vida dioss sin piel... Ssi... notaron tu llegada y sse retiraron... lass tropass de Dor'ss K'un ssalieron a cazara loss rezagadoss... Sse retiraron porque ya habían llevado a cabo lo que sse proponían... mandarte un menssaje bebedor nocturno... esspero que estass ruinass sean tesstigo de que lo hass recibido...

Xipe-Totec asintió y miró a su alrededor... gravando esta escena en su mente para que no se volviera a repetir. Había subestimado el poder de su oponente, pero nunca más. Ahora su principal preocupación era la de reconstruir todo lo que se había perdido y esperar que los prisioneros estuvieran a salvo para traerlos aquí... necesitaría muchos sacrificios para aplacar a Huitzilopochtli.

De la selva salió Dor's K'un, dirigiéndose hacia Kadru. Era exactamente igual a como lo recordaba Xipe-Totec hace ya siglos. Musculoso, con una poderosa cola y el cuerpo recubierto de unas gruesas escamas, el líder hombre lagarto dirigió su mirada de depredador al dios, enseñó sus afilados dientes y siguió su camino sin prestarle mas atención.

- No fue a ssu pueblo por el que ssacrificasste tu piel para ssalvarlo de la hambruna, fue tu hermano, la sserpiente emplumada quién noss ssalvó y noss ssumergió en el ssueño de la piedra, para que aguardássemos hassta que volviesse a sser nuesstro turno... Esse día no ha llegado todavía... pero gusstossoss le ayudaremoss a a el y a ssuss aliadoss en essta guerra. No noss pidass tampoco devoción por el ssacrificio que no hicisste para nossotross... Esspero que noss volvamos a ver, Xipe-Totec...

Dicho esto, Kadru inclinó la cabeza en señal de respeto y se marchó, y con ella todos los aliados de su hermano, dejando a Xipe-Totec con una ciudad en ruinas y mucho en lo que pensar.