Primer Amor (Historia)

Autor : Franky Lara

Ilustradora: Evelt Lovecraft

 

lunes, 29 de diciembre de 2014
20:33

Takami permaneció sentado frente al fuego mientras los demás ocupaban sus lugares , la fría noche invitaba a contar historias de grandes hazañas y amores épicos, al menos eso era lo que Koitashi le había sugerido al maestro del aire. Era necesario levantar la moral de los ashigarus y hacerles olvidar el frio antártico, bien, tenia la historia perfecta, a los soldados les encantaban las proezas anteriores a la caída.

-Hace miles de años, en una tierra cálida y próspera entre los ríos que conocéis como el Tigris y el Éufrates, vivía la mas bella y dulce de las atlantes, era adorada por igual entre dioses y mortales, y con motivó, pues era la maestra del deseo.

El dios japonés aguardo un segundo antes de continuar, sabia que los ashigarus se morían de ganas por conocer los secretos que tal titulo entrañaban, de igual manera los soldados nipones eran conscientes de lo mucho que podía irritarse el narrador si se le interrumpía, finalmente continuó desgranando su relato con una sonrisa dibujada en su rostro.

-En la antigua Lemuria los dioses pertenecíamos a distintos círculos de conocimiento, habilidad e interés, denominados misterios. Yo mismo era el maestro del aire, uno de los misterios elementales, pero también estaba iniciado en otros círculos como el de la pasión. Otros miembros eran Afrodita, Eros, Dionisios, Baldr, Freiya, Xochiquetzal, Morrigan, Hator y Bastet entre otros, pues era uno de los misterios que mas interés generaba y que mas adeptos atraía junto con el de la guerra. No os relatare las ceremonias y rituales que practicábamos pues eran de carácter secreto y lo continúan siendo, bastara con decir que nunca era aburrido ver a los iniciados hindús practicando alguna nueva posición y que de los ritos que perpetraban Morrigan junto con la protagonista de esta historia, la maestra del deseo, aun hoy se habla entre los que fuimos testigos.

De nuevo el interlocutor se tomo una pausa, tanto para que los presentes pudiesen hacerse una idea de lo acababa de contarles, como para si mismo, para apartar las imágenes que le venían a la mente y concentrarse en su relato.

-Bien, ahora que ya estáis puestos en antecedentes, jeje, comencemos desde el principio. Hace miles de años, en la cálida y próspera Mesopotamia, vivía la mas bella y dulce de las atlantes, su sensualidad era tal que hombres y mujeres la adoraban a lo largo y ancho de la tierra entre los ríos y mas allá, le hacían plegarias y le rendían culto en templos construidos en su honor, su coqueteria seducía al mas estoico y su belleza hubiese sido incuestionable incluso para Paris, ningún calificativo en las lenguas de los hombres es capaz de describir su grandeza, en el idioma atlante se la denominaba Lilith.

Hasta ese momento tan solo la había visto durante nuestras reunionés en Lemuria, dulce e insinuante con los demás en sus exposiciones y ardiente y salvaje en las demostraciones. Pero siempre rodeada del misticismo y la sobriedad que envolvía la capital. En sus dominios era distinta, mas primaria, mas animal, mas ella.

Mi misión consistia en escoltarla hasta la Atlantida, habiamos sido convocados todos los maestros y por motivos desconocidos los mortales enviados en su búsqueda no habían regresado, así que yo mismo me ofreci a transmitirle la citacion.
No me fue difícil encontrar su cubil, una espaciosa cueva en la ladera de una montaña de la que no paraban de entrar y salir unas bellas criaturas humanoides como obreras en un hormiguero, al adentrarme en la caverna me asalto el inconfundible aroma del sexo y la muerte, en una gran sala se encontraba la piscina donde se relajaba Lilith, los incubos y sucubos no paraban de verter en ella unos líquidos blancuzcos y viscosos, a un lado de la estancia reposaban los cuerpos de al menos cinco mensajeros, estaban desecados, exprimidos, como si los hubiesen vaciado.
-Oh Lilith, que has hecho?
-Mi gran amigo Takami, a que debo el placer de tu visita?
-Fuiste convocada a una reunión en Lemuria y no hemos recibido respuesta.
-No sabia nada, porque no se me ha informado?
-Creo que te enviaron mensajeros, cinco si no me equivoco.-Dije mirando los cinco cadáveres.
-Oh, no me dijeron nada.
-Les dejaste hablar?
-Jaja, va, no me mires así, tampoco he matado a nadie.
-En realidad si Lilith, has matado a cinco mensajeros.
-Va, ya sabes a lo que me refiero. -La diosa sumeria se incorporo de su lechoso baño y se dirigió contoneandose a una pequeña catarata, producida por algún manantial subterráneo, donde se aclaro con agua limpia su desnudo cuerpo. -Tampoco es tan grave, verdad? - Su voz, como la de una niña que confiesa haber cometido alguna travesura, se adueño de mi compasión, mientras su perfecta y esbelta figura, empapada por lagrimas de agua de la reciente ducha, se acercaba hacia mi, sugerente, contoneandose, despertando otra clase de instintos no tan nobles en mi ser. -No estas enfadado conmigo, verdad Takami? -Sus manos empezaron a acariciarme el torso.
- No, no estoy enfadado Lilith, pero deberías seguir el consejo de Hera, cada vez te cuesta mas controlarte.
-Tu también crees que debería desposarme? -Su voz continuaba siendo como la de una niña, inocente e indefensa, pero sus caricias continuaban desnudándome y sus besos, primero timidos y luego apasionados comenzaban a nublar mi mente.

-Llegados a este punto, jeje, bastara decir que me sedujo, jeje. -La decepcion fue evidente entre los ashigarus, y no faltaron bufidos y resoplidos ante la censura de los detalles. Takami no pudo mas que sonreír y continuar su relato.

-Bien, después de la reunión en Lemuria, nos citamos con Hera, es necesario llegados a este punto, comentaros que el poder de Lilith había aumentado mucho en los últimos tiempos, gracias a las criaturas que le servian, los íncubos y súcubos, pero al igual que ella, estas criaturas también se habían descontrolado últimamente, ya no se dedicaban solamente a copular con los humanos mientras dormían para extraerles los humores que solicitaba su diosa, entre las gentes comenzaba a hablarse de terrores nocturnos y gente que moría desangrada durante la noche, por primera vez se oyó el termino Lamia. 
Por estos motivos la diosa griega había recomendado a Lilith buscar un compañero permanente, capaz de saciar su apetito y así poder mantener el control sobre sus criaturas y sobre ella misma. Finalmente se decidió organizar un torneo entre los que pretendiesen a la diosa sumeria, muchos se apuntaron y no los nombrare a todos, será suficiente decir que tras muchas horas de combate en un todos contra todos, modalidad que la propia Lilith había propuesto pues una de las cualidades que buscaba eran el aguante y la resistencia, los últimos combatientes que se mantenian en pie, eran Baldr y yo mismo. El final no se hizo esperar, nos permitimos un minuto para evaluar nuestras fuerzas y para recuperar el aliento, pues en siete horas no habíamos bajado la guardia, no fuese que algún rival nos atacase por la espalda, nuestras miradas se cruzaron, la victoria estaba muy cerca, al alcance de la mano y tan solo se interponía entre ella y nosotros el dios que nos debolvia la mirada, ambos carguemos el uno contra el otro, los dos al limite de nuestras fuerzas, mano a mano, hombre a hombre, dios a dios.
-SUFICIENTE!!!- El grito nos dejo paralizados a los dos. -Es suficiente, no es necesario alargar mas el combate, ya se quien es mi ganador y mi futuro marido. -Con estas palabras Lilith dio por terminado el combate y se retiro a sus aposentos de la capital. Al día siguiente nos invadieron los Primigenios y comenzó la Primera Guerra.
Ahora nos encontramos en la Antártida, a orillas de la antigua Lemuria, a punto de librar la Segunda Guerra, los Primigenios han vuelto y también Lilith, son muchas cosas las que se decidiran mañana, así que luchad con honor y coraje mis valientes, BANZAIIIII!!!
-BANZAI!!!!! -Gritaron como una sola voz los ashigarus antes de dispersarse, finalmente el maestro del aire se quedo solo ante las ascuas de la hoguera.
-No se decidió por ninguno entonces? -La voz de Koitashi no cogio desprevenido al dios japonés.
-Esa misma noche, no podía dormir y me cole en los aposentos de Lilith, me desnudo, me tumbo en su lecho, se sentó sobre mi y me hizo el amor por ultima vez, después me beso y con lagrimas en los ojos me confeso que jamas podría casarse con un hombre bajo el que no pudiera yacer,-Takami sonrio frotandose su enorme estomago. - jeje, cuando me despedí de ella salí al jardín y vi a Baldr, supongo que tampoco podía dormir, imagino que me vio entrar en las estancias de Lilith y supondría que yo era el elegido, yo estaba dolido y preferí dejar que lo creyera.
-Se entero entonces al día siguiente?
-Con el ataque de los Primigenios no hubo tiempo para esas cosas, luego los sumerios desaparecieron y yo jamas se lo conte, creo que a día de hoy aun no lo sabe.
-No has compartido el final con los hombres.
-No, jeje, es posible que mañana muramos todos, he preferido ahorrarles el triste final.