Revuelo en el Olimpo (Historia)

Autor : Ivor 

La gran barcaza Griega  zozobraba contra los muelles de nubes en la parte norte del Olimpo. El grifo gigantesco  tallado el mascarón de proa volvía a casa una vez más. Zeus  inspiró antes de desembarcar y afrontar el recuento de bajas y la reconstrucción de todo su panteón y sus ciudades colindantes. Era la última nave en llegar pues había acompañado a los heridos Egipcios y compañeros de batalla Nilo arriba. La verdad era que no quería seguir viendo desolación y destrucción. La humanidad había sido masacrada. Pocas ciudades habían sobrevivido y las que lo habían hecho estaban sumidas en un auténtico y profundo caos.
Sin embargo el Olimpo estaba en calma, olía como siempre a ambrosia y néctar de flores. Al subir por la escalinata del palacio se cruzó con dos musas que cuchicheaban sin dejar de mirar al Padre. Hades puso la mano en el hombro de su hermano,

-Esto me da muy mala espina. – hay demasiada calma para todo lo acontecido.Hermes salió al encuentro de su patriarca y como siempre con su tartamudeo intento explicarle lo que petrificó su ser al empujar las puertas del gran salón del trono.

-Ya era hora que aparecieras, pensábamos que no ibas a osar defender tu nombre. – Acusó Apolo alzando la voz para que ningún rincón del Olimpo ignorara su acusación.
Lo cierto era que Zeus apenas había oído la voz del Dios Sol, le había rebotado dentro de su ser como una pelota en una habitación vacía. Los tres hermanos solo podían prestar atención al trono. Un ser familiar y monstruoso estaba sentado a la derecha de Hera, ocupando el trono una vez más. Sentado con total naturalidad tomando pequeños sorbos con media sonrisa queda. Mirando distraído como Afrodita se acomodaba la toga nerviosa.

Apolo proseguía con un alegato que dejaba a los hermanos como conspiradores y temerarios personajes a quienes  apenas importaba la suerte de su panteón. Para ellos parecía que todo había sido un juego.
-¿Qué credibilidad nos profesan? Rea los mandó con las ninfas y todos sabemos que lo que se cría con esas criaturas… alberga mentira y maldad en el fondo aunque sean Atlantes. Siempre relega nuestra grandeza a las faldas de la Diosa Japonesa. Esa Falsa Madre Sol que se cree comandante. Y que una vez más nos ha llevado a una derrota vergonzosa. No profesaban honor y sacrificio… bien haría en hacer eso que nombran como “Sepukku” en su familia.
-¿Qué demonios está ocurriendo aquí? – Incriminó Hades, siempre perdía los nervios antes que sus otros hermanos.

Zeus por su parte evaluaba la situación comenzó a escrutar la sala, Hefesto miraba al suelo, Hermes temblaba como un pajarillo suspendido en el aire cerca de Atenea. Ella negaba con la cabeza pidiendo silencio a su Padre y  mentor. Ares su propio hijo tenía el ceño fruncido y cogía a su madre de la mano dándole soporte. Hera, las lágrimas caían por su mejillas su cara no era miedo por tener a Cronos en a su izquierda. Era… era mirada de decepción. ¿Qué patraña estaban difundiendo,  calumniándole?
Apolo no callaba y había hecho caso omiso a las increpaciones de Hades.
Poseidón clavo el tridente con furia:

-¡Exigimos una explicación! Volvemos de la batalla con hermanos caídos y estáis aquí todos tramando a las espaldas de nuestro Comandante. Amotinadores, desleales y sucios traidores…-Zeus puso una mano en el hombro de su hermano pidiéndole calma.

- Jajajajaja – la risa de Apolo era falsa y metálica, Hades puso los ojos en blanco haciendo caras y burlas al interlocutor – Podéis mofaros pero cuando demuestre lo que Zeus ha tramado desde el principio no tendréis tantas ganas de hacer muecas, ni tanta furia que desfogar.

-Y… se puede saber Solecito que grandes argumentos y cosa tan mala malísima ha hecho mi hermano el aquí presente para que estéis aquí todos como viviendo un luto horrible en vez de lamentar las miles de muertes y que ese… ese…- dijo Hades con su sarcasmo habitual señalando a su padre Cronos en el trono – ese... monstruo este sentado en el Trono de Zeus.

- Quizás no lo quieras en el Trono cuando sepas la verdad -  Apolo alzo de nuevo la voz para que todos prestaran atención. En el fondo de su ser todos deseaban que aquello fuera mentira pero las evidencias de Apolo y Cronos eran tan… evidentes.

-¿De qué puta verdad estás hablando sucio traidor lame botas? – A Poseidón siempre le había perdido su boca y tu talante.
- Zeus no portaba el Rayo para gloria de nuestro panteón. Nuestro “PADRE”, nuestro supuesto comandante que debe velar por la grandeza del Olimpo y de nuestra familia. Nos ha vuelto a vender a la zorra japonesa – Hera sollozó y Cronos le puso un brazo alrededor dándole consuelo y todo vieron como ella, la Madre del Panteón no contradecía a Apolo y se dejaba consolar por Cronos, eso era una señal de aprobación. Hera sabría si era verdad.
-¿De qué diablos habla Zeus? ¡¡Entre los tres podemos poner orden aquí esto es una locura!!  ¿Vas a dejar que ese monstruo se siente en tu trono?- Poseidón había alzado el tridente, Hades había tomado su vara también. Pero entonces Zeus alzó la voz.
-Puedo explicarlo, era un plan de emergencia…
-¿Qué estás diciendo?- Lo interrumpió Apolo apenas le dejó ni articular la frase completa.

Hades frunció el ceño. Las musas pusieron el grito en el cielo. Atenea cerró los ojos, solo tenia que haberlo negado. Todos le habrían creído a pies juntillas. Pero ahora todo se olía peor que la laguna Estigia.
Apolo lo tenía bien ensayado no le dejaría explicarse. Bien aleccionado con su misión desarticularía cualquier excusa que Zeus pusiera. La clave era no dejarlo hablar.
-Nuestro Padre tramó y urdió con Amaterasu. Fueron a las forjas a por el Talismán de Trueno si me oís bien no os sorprendáis no es la primera vez que se vende a las faldas de ella. ¿De hecho a que faldas no se rendiría? Todos conocemos su talante.
- No pienso consentir que me hables en ese tono- Zeus se encaró con Apolo y por un momento casi se le pasa por la mente atravesarlo con uno de sus rayos. Pero el carraspeo de la voz de Cronos llamo su atención y le dio el tiempo necesario a Apolo para zafarse del agarrón de Zeus y recomponerse para contratacar desde la distancia.

-Acaso vas a negar que fuiste a forjar el Talismán? ¿Acaso el dios de lo justo y la autoridad del Olimpo tiene miedo a decir la verdad a los suyos? El miedo que veis es por su traición. ¡Si hermanos! Vendió su rayo, vendió de nuevo su honor para darle a Amaterasu la oportunidad de hundir de nuevo la Antártida.

-No es cierto, era necesario tener una alternativa. Si los Primigenios se hacían con la ciudad, si se hacían con la Atlántida era necesario acabar con ellos.

- Dime que no es cierto- Hera rompió en sollozos y le reclamaba la verdad –Dime que no habrías sacrificado a todos los tuyos bajo esas rocas por llevar de nuevo a cabo su plan de destrucción. ¿No tuvimos suficiente con la primera vez? Dime que no es verdad lo que Apolo cuenta.

Zeus no podía apartar la vista de la mano de Hera, la cual era acariciada por los dedos ásperos y rugosos de Cronos. El titán bien sabía cómo mermar la confianza y determinación del Dios del Trueno.

Apolo volvía a la carga:

-No responde pues asiente la verdad, la admite. Nos vendió de nuevo. Nos envió a primera línea de batalla a entretener a los monstruos para dar tiempo a los Japoneses a tramar su plan. A hundir de nuevo la ciudad y sacrificar a los nuestros para liberar a esos humanos ingratos que nadan nos han dado más que quebraderos de cabeza. Ahí lo tenéis impasible y sin habla pues lo hemos descubierto. Zeus has perdido tu trono y tu honor márchate del Olimpo no eres bienvenido… y todos los que apoyéis su causa atravesad esa puerta y no volváis!

La guardia formada por los héroes y un dudoso Perseo abría las puertas del Olimpo invitando a Zeus y todos los que le apoyaran a salir de allí.

En ese momento Zeus tomó aire miró a Hades instándole la última orden y este le entendió perfectamente. Hades se colocó en las filas del público como si aceptara la palabra de Apolo y renegara de su hermano.
Apolo aprovecho esta baza para el último empujón.

-Su esposa reniega de él, su hermano reniega del su padre Cronos ha venido a protegernos es el verdadero dueño del trono. ¿Quién más apoyara a este traidor?

-Yo le apoyare. Siempre mi señor. – Atenea había tomado su mochuelo al hombro y recogido su báculo. Tomo a su señor Zeus que estaba aún mirando la mano de Hera como su una tonelada de hielo le hubiera caído sobre los hombros – No nos queda nada más que hacer aquí.

Perseo se apartó de la puerta para que ambos dioses salieran con su dignidad. Teseo miro a su capitán y negaba con la cabeza. Jasón comenzó a golpear el escudo con la espada como hacían cada vez que habían cargado a las órdenes de Zeus. Y cuando el padre del panteón o el ex padre del panteón salieron por la puerta del Olimpo acompañado únicamente por Atenea todos los héroes le siguieron y cerraron cuando el último hubo marchado.
 
Caminaron horas y horas en silencio sin rumbo a los ojos de Zeus, pero Atenea llevaba el ritmo y al llegar a la puerta de su templo el patriarca parpadeó y cayó de rodillas. Ulises lo agarró casi al vuelo y recompuso sus fuerzas menguadas:

-Mi señor las calumnias de Apolo no nublan la visión de tus seguidores, ningún Olímpico cree realmente sus palabras. Debe haber algún embrujo. Estoy seguro.

-Sí Zeus, yo soy inmune a esas hartes y los Héroes también al ser humanos, no atlantes tiene sentido, piénsalo pero no ahora, tenemos mucho trabajo.Las puertas se abrieron chirriando y con parsimonia cuando Atenea presionó un resorte:

-Montad guardia que nadie entre. Poseidón, Zeus aprisa tenemos poco tiempo – Los apremiaba la diosa de la sabiduría entrando a un pasadizo a la derecha tras una estatua. 

Bajaron pisos y pisos de escalinata.

- Atenea puedes explicarme dónde vamos. Tenemos que buscar a Ra, tenemos que hacer algo con esas almas perdidas. Hades dijo que era muy importante, no habría dejado el Olimpo vendido a ese monstruo si no hubiera algo tan importante a hacer primero. Atenea… Atenea… - La voz de Zeus se volvía profunda como emanada de las entrañas de aquella escalera infinita hacia el centro de la tierra…La escalera parecía no tener fin. Hasta un dios podría agotar su eternidad bajando peldaños.

- ¡Oh dioses! Zeus cállate… claro que sé que tenemos que hacer. Hades y yo… guardamos la puerta. Cuando ellos se marcharon en el reinado de tu padre llevando con ellos a todos nuestros hermanos, Hades y yo juramos guardar el secreto. Juramos proteger la puerta. Bueno Hades seguro que guarda esa carta para conseguir provecho muchas veces lo intento pero nunca será tan listo como para evitarme. Soy su custodia soy su llave.La escalera estaba volviéndose agobiante y húmeda.

- Pero Atenea de qué hablas… la llave de quién. La llave de qué…- La escalera acabó en ese momento y la estancia se volvió amplia y fría. La temperatura había bajado al menos diez grados pero allí estaba lo que Atenea había guardado tanto siglos. Ahora entendía su insistencia por erigir su templo tan lejos del Olimpo. Y esa vigilancia tan ferrima a su hermano, Zeus siempre había pensado que Atenea tenía un romance con su hermano y lo que tenían era un enorme secreto. Muy típico de Hades pero no de ella.

Una gran puerta labrada, el ultimo portal un aro tallado en piedra. Un enorme y precioso dragón de marfil.

- ¿Están todos ahí? ¿las familias? Y… ¿ellos? – Poseidón preguntó algo turbado.

- Sí, Todos. – Atenea buscaba los ojos de Zeus, esperando que su mirada no fuera de decepción por no haber explicado su trabajo de guardiana.

- No querrán venir, no tienen por qué ayudarnos. – Por fin Zeus habló pero sin mirarla.

- Son sus eternos enemigos y me consta que alguno ya ha salido más de una vez. Sé que lo has notado. Son nuestra mejor arma contra Isse. Si es cierto que ha vuelto y tiene todo el poder de esas almas caídas los necesitamos.- Atenea suplicaba esa mirada.Zeus al fin cruzo la mirada con la de la Diosa, no vio rencor ni reprimenda en ella, vio preocupación y vio dolor.

- Se marcharon por Cronos no tuviste nada que ver mi señor lo sabes bien. Nadie habría respetado su marcha. Sabes que habrían insistido en que retornaran. Todos tienen la libertad de elegir. Tanto los Dragones como las familias que eligieron seguirlos a ellos y no a tu Padre. Es justo y correcto, hice lo que tenía que hacer. 

- Abre la puerta Atenea  debemos solicitar su ayuda, hare caso a tu sabiduría pero estoy seguro que se negarán. Estamos perdiendo el tiempo.