Vastagos 3º Parte (Historia)

Autor : Franky Lara

El frio se hacia insoportable, aunque el edificio del Parlamento era el único de toda la ciudad y probablemente de toda Hungria, junto con el Uzsoki Hospital, que tenían generador eléctrico y por tanto luz, los conductos de calefacción habían quedado irremediablemente dañados durante el asalto primigenio y la brisa glacial del Danubio entraba por todas las heridas que presentaba la fachada. Aun así una vez dejaron atrás las columnas de mármol y oro y las alfombras rojas del vestibulo y penetraron en la biblioteca, el ambiente empezó a caldearse.
Franky observo como la diosa sumeria pasaba desnuda ante el y se sentaba encima de la primera mesa que encontraba, el enorme monstruo no pudo reprimir un escalofrío. 
-Queréis que os mande traer algo de ropa?- Pregunto Franky. - Suele hacer bastante frio al alba por aquí.
-No gracias, estoy bien. -Respondió Lilith mientras jugueteaba con las manos en las rodillas abriendo y cerrando las piernas.
-Como queráis, a los vampiros no les molestan las bajas temperaturas, pero a mi me duelen todas las cicatrices con este frio. -Cerró las pesadas puertas sin esfuerzo y se dirigió, con su paso vacilante hasta una gran mesa con libros apilados sobre ella, a dos escritorios de distancia de Lilith.
-Imagino que querréis saber que sucedió con vuestros siervos? -El enorme ser se sentó en una silla y abrió uno de los antiguos volúmenes, la diosa se dio impulso con la mesa y en un batir de alas se poso de pie sobre el escritorio de Franky.
-Me gustaría saber que sucedió, si.- Viendo la incomodez que le ocasionaba al monstruo decidió tumbarse boca abajo sobre la mesa y tapar su desnudez con las alas.- Adelante por favor.
El ser cubierto de espantosas cicatrices comenzó a relatar los hechos que habían acontecido a los súcubos e íncubos, de vez en cuando abría otro volumen para consultar algún dato, Franky sin duda tenia una cerebro privilegiado y una mente preclara. Enlazaba las piezas que encontraba en manuscritos, tablillas de arcilla y tradiciones orales que habían sido recogidas hacia miles de años y las encajaba como en un puzle, como en su propio cuerpo, para darle un sentido a la historia hasta su momento actual.
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En la época en la que Lilith reinaba sobre sus siervos, algunos de ellos ya habían empezado a experimentar cambios, al igual que ella estaban descontrolados y alternaban el sexo y la muerte, esto se agravó después de la Primera Gran Guerra con la desaparición de la diosa sumeria, las gentes comenzaron a darle otros nombres como el de Lamia o Upir  y se extendieron por toda Europa dando lugar a todo tipo de leyendas, el nombre de Lilith paso a ser temido y odiado, y sus siervos se volvieron mas sanguinarios y despreocupados. Con la inquisición todo eso cambio, en el sur de europa muchos fueron quemados vivos en las hogueras y el resto, los pocos que sobrevivieron se ocultaron y se volvieron ermitaños y aun mas mezquinos, así fue hasta que fueron al nuevo mundo.
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Lilith permaneció todo el tiempo con la muñecas bajo la barbilla, como una niña escuchando fascinada un nuevo cuento, también estuvo observando al narrador de la historia, era grotesco, las enormes cicatrices que tenia bajo las mangas y sobre el cuello de la camisa eran enormes, y la tonalidad de la piel variaba según la zona del cuerpo, al principio había pensado que tal vez fuese alguien que en otra vida sufrió un desmembramiento, pero ahora cada vez estaba mas segura que cada parte de su cuerpo correspondía a distintas personas. Por un momento pensó en como debería ser la entrepierna de Franky, pero rápidamente aparto esa distracción y volvió a concentrarse en la historia.
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Los súcubos e íncubos siempre tuvieron una gran dificultad para reproducirse y con la desaparición de su matriarca, esta aun se incremento mas, por otro lado su vida aunque mas longeva que la de los humanos también había menguado, tras la purga de la edad media sumada a todas las bajas que causaron las constantes guerras en Europa, dejaron una población mínima, que no dudo en partir hacia nuevos horizontes cuando se produjo la oportunidad, allí de nuevo medraron y volvieron a prosperar, pero fue Vladimir, que se había instalado en Salem quien de verdad creo un antes y un después, allí cosecho amistades entre alquimistas y maestros del oscurantismo como Edward Hutchinson, Martha Corey y Joseph Curwen entre otros, pero fue otro ser, del que se desconoce el nombre, del que recibió la formula de la vida eterna y también la maldición de la sangre, Vladimir no tardo en transmitir su don al resto, y poco después regreso al viejo mundo con Roman y Hutchinson antes de que empezase la caza de brujas. Roman y Vlad se ocultaron de nuevo en los Cárpatos y transmitieron a todos los demás que habían permanecido en Europa, como los Bathory, su nueva condición, rompiendo el vinculo con Lilith y creando uno nuevo con Vlad. Así permanecieron ocultos pese a algún incidente aislado hasta la llegada de los Primigenios.
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El sol del mediodía ya entraba por los ventanales de la biblioteca cuando Franky acabo su historia, cuyos últimos fragmentos parecía haber sacado del diario personal de Vlad.
-Queréis hacer una pausa? No se si los atlantes os alimentáis? -Pregunto Franky.
-En realidad no lo necesitamos, pero si que me apetece hacer una pausa. -Lilith sonrío picaronamente y comenzó a avanzar gateando hasta el monstruo. -La verdad es que tengo mucho apetito. -Cuando la diosa llego hasta el final de la mesa Franky hizo el gesto de echarse hacia atrás, pero esto no desanimo a la maestra del deseo, que se sentó sobre sus piernas y empezó a desabrocharle la camisa, dejando al descubierto nuevas cicatrices. -Parece que ya no hace tanto frio, verdad? -Susurro al oído de Franky mientras introducía la mano dentro de su pantalón, cuando encontró su sexo se detuvo un instante sorprendida. -Todo esto es tuyo? Eres un monstruo.
- Eso suelen decirme. -Bromeo y acto seguido la cogió por la cintura y la tumbo sobre la gran mesa volcando todos los libros por el suelo. 
No salieron de la biblioteca en toda la tarde, hasta que se puso el sol y entro Vladimir en la gran sala ataviado con una esplendida armadura medieval y acompañado de Sisa, la cual no pudo reprimir una sonrisa ante la escena, Lilith y Franky desnudos en el suelo rodeados de libros y los fragmentos de por lo menos dos mesas rotas.
-Tu debes de ser Vlad, yo soy Lilith, y he decidido quedarme.