Sleipnir

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SLEIPNIR

de Marc Simó

Ilustrador: Alba Aragón

Durante su viaje de vuelta había estado recordando el combate con el Dios Japonés, arrepintiéndose de no haber encastrado su martillo en la cabeza de ese escurridizo danzarín, sin embargo la contienda había tenido éxito. Roma ardía y habían tomado el control. Recibiría los más altos honores. Nadie tenía ya derecho a dudar de que Thor fuera el verdadero Dios del Trueno y también el mejor de los guerreros.

 

Había llegado a Copenhague hacía menos de una hora y ahora se encontraba a los pies del imponente edificio de cristal que el Dios de Asgard había escogido como su base en Midgard, admiraba como se alzaba alto como cuatro gigantes y estaba coronado por unas sinuosas letras verdes que brillaban en la noche como la aurora boreal.

 

— Le esperan en la última planta señor. — anunció la recepcionista cuando Thor cruzó la puerta de entrada del edificio. — Ya tiene el ascensor esperándole.

 

— Gracias Kirsten. — dijo mientras pasaba por su lado en dirección a los ascensores.

 

Ya no se fabricaba cerveza en ese lugar pero su aroma seguía impregnado en sus muros.

 

Thor levantó la cabeza a tiempo para ver como Loki se escurría entre las puertas del lujoso ascensor.

 

— ¡Hermano! ¿Quién iba a decirme que te encontraría aquí? — saludó alegremente, con su eterna sonrisa burlona dibujada en los labios.

 

—¿Qué estás haciendo aquí, Loki? ¿Y qué se supone que estabas haciendo en Londres? — gruñó Thor, frunciendo el ceño.

 

—Yo también me alegro de verte, Thor. Lo de Londres no fue tan bien como esperaba… he venido a hacer lo que se espera de mi, y además… — hizo una pequeña pausa y miró a los ojos de Thor. — … no podía dejar pasar la oportunidad de felicitar a mi hermano por su victoria en Roma.

 

—Padre nos crió juntos y te acogió en su casa, pero no somos hermanos…

 

Sin dejarle tiempo para terminar la frase Loki se giró de espaldas y miró a los ojos de Thor a través del reflejo que le ofrecían las pulidas puertas del ascensor.

 

— Y sin embargo no soy yo quien le ha decepcionado… — apuntó.

 

El rostro de Thor se ensombreció.

 

—¿Qué insinúas?

 

"Ding." La campana del ascensor indicaba que habían llegado, interrumpiendo la réplica de Thor y permitiendo a Loki escabullirse directamente al pasillo donde los demás esperaba. Todos se giraron a tiempo de ver salir al Dios del Trueno del ascensor, algo molesto por las palabras que acababan de golpearle. Se negó a titubear y salió firme, cruzando entre ellos hasta llegar a las imponentes puertas de metal forjado que dibujaban Yggdrasil, el árbol del mundo. Se detuvo, posó su mano encima del relieve y empujó. Las puertas cedieron.

 

Durante la reunión con Odín, no se llenaron cuernos de hidromiel ni se entonaron canciones de gloriosas batallas. Ni siquiera se giró para ver a su hijo mientras él relataba lo vivido en el Coliseo. Thor aún recordaba las palabras del padre de todos << Éstos ya no son los tiempos de Erik Hacha Sangrienta, los humanos han cambiado y nosotros con ellos.>> Tras esto, asignó nuevas tareas para todos menos para Thor que sólo recibió la acusadora mirada de Hugin y Munin, los dos cuervos de Odín, que permanecieron apostados y vigilantes en los recargados capiteles de sendas columnas hasta que todo terminó.

 

El Dios del Trueno salió el último de la habitación y sólo se giró a tiempo de ver como desaparecía la silueta del Señor de la Victoria tras las puertas.

 

De regreso al exterior, no vio cómo la enorme criatura de piel azulada se acercaba directa hacia él antes de tenerla demasiado cerca.

 

— ¡Thor, amigo mío! Me alegro de verte de vuelta. — saludó. Las palabras de Ymir eran sinceras lo que reconfortó al abatido dios nórdico.

 

— Yo también me alegro de verte Ymir, — contestó Thor mientras se saludaban sujetándose fuertemente del brazo como dos grandes guerreros después de una dura batalla. — ¿Qué estás haciendo aquí? Sabes que a mi Padre no le gusta que os paseéis por la ciudad.

 

— Quería felicitarte por tu victoria en Roma, todos hemos escuchado las noticias y hemos visto las imágenes de la batalla. Ha sido una verdadera lección de furia y poder para nuestros enemigos. — Las palabras del gigante de escarcha estaban cargadas de admiración y sana envidia por no haber podido participar en un ataque como ése.

 

— Y sin embargo, parece que a Padre le he decepcionado. — contestó amargamente.

 

— Tu padre ha cambiado, Thor, ya no recuerda lo que es una verdadera batalla, ha olvidado la fuerza y la ira de antaño, ya no tiene la misma sed de sangre.  — Ymir hizo una pausa como si dudara si debía decir lo que seguía. Miró fijamente a los ojos de Thor y continuó. — Y lo que es peor… nuestros enemigos hablan y dicen que es débil.

 

— ¡Eso no es cierto! — estalló.

 

— Claro que no es cierto, pero deberíamos acallar esas voces. No nos hacen ningún bien. —  replicó el gigante, apoyando su enorme y nudosa mano en el hombro de Thor.  — Si Odín volviera a empuñar a Gungir de lado a lado del horizonte, batalla tras batalla… Volverían a cantar acerca de sus victorias entre ríos de cerveza. Y juzgaría tus acciones como se merecen.

 

Ymir se limitó entonces a darle un abrazo y alejarse sin más despedida. Thor se quedó solo, tan absorto pensando en las palabras del gigante que no vio como Loki y Frigg habían ido detrás de él, siguiéndole por las frías calles.

 

La desagradable risita de Loki captó su atención.

 

— Tienes unos amigos muy extraños últimamente, querido hermano. — se burló a modo de saludo. Frigg carraspeó, regañándole.

 

— Siento éste frío recibimiento, Thor. Sé que no es lo que esperabas pero debes entender a tu padre. — añadió ella, con voz pausada.  Loki asintió, sonriendo.

 

— Al fin y al cabo, adaptarse a los tiempos modernos no significa substituir a nuestras valkyrias por helicópteros.

 

— ¡Loki! — le reprendió de nuevo Frigg, frunciendo el ceño. El hijo de los gigantes agachó respetuosamente la cabeza, inclinándose ante la esposa de Odín. Sin añadir nada más, Loki se alejó de ambos, perdiéndose entre los callejones. — Sabes que su única intención es enfurecerte, Thor. — terminó la diosa.

 

— Pero es cierto… — gruñó Thor, pensativo. — Debemos recuperar nuestra antigua gloria.

 

Frigg clavó sus ojos en él, intrigada, intentando discernir lo que ocultaban sus palabras.

 

Como un trueno en las cuevas de hielo resonaban sin cesar las palabras de Ymir en la mente de Thor… <<De lado a lado del horizonte…>> Sleipnir, el corcel de ocho patas, el único ser capaz de recorrer el mundo de horizonte a horizonte, de cabalgar sobre tierra, mar y aire y de llegar al mismísimo Helheim. Tenía que recuperarlo, traerlo de vuelta de Helheim, donde llevaba encerrado desde el ocaso de los dioses; y devolvérselo a Odín.

 

Ymir tenía razón y le había hecho un regalo mejor que mil batallas: la oportunidad de recuperar su honor y su gloria y a la vez reforzar la posición de Asgard. Pero, ¿cómo? Heimdall no le permitiría tal viaje, y no podía pedir usar la embarcación Skidbladnir, como habían hecho antaño para cruzar el Bifrost.

 

— Entonces sabes lo que debes hacer, Thor. Sleipnir debe regresar con su amo. — sentenció Frigg, como si leyera sus pensamientos. Se desató su manto de plumas de halcón y lo depositó con cuidado en sus manos. — Toma y usa mi capa. Con ella podrás volar entre los reinos de Yggdrasil y así llegar hasta Helheim si ese es tu destino.

 

Minutos más tarde la silueta negra de una enorme águila cruzaba el cielo de Midgard iluminada tan sólo por el débil resplandor de la Luna, con el único objetivo de arrancar a cualquier precio al corcel de Odín del reino de la muerte.

 

—Y allí va mi hermanito. ¡Qué fácil ha sido siempre manipularlo! — dijo Loki mientras veía como se alejaba Thor.

 

— ¿No hubiese sido más rápido arrancárselo con nuestras propias manos? — preguntó su acompañante, sin salir de entre las sombras.

 

—Ymir… ¿Otra vez tenemos que discutir esto? ¿Quieres que Odín nos aplaste y nos eche de comer a sus lobos? Es mejor si nos lo da él por voluntad propia. Y además…  — hizo una pausa. Una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios. — Así es más divertido.