Sombras Reunidas II

couger

SOMBRAS REUNIDAS II 

por Fernando Arsuaga

Ilustración de Javi Santamaria

Castillo de Bran, Rumanía

El cambio en el resoplido del viento desde una fuerte ventisca de nieve que arreciaba en el exterior interrumpió las deliberaciones de la figura de toga blanca. Al intentar volver a sus pesquisas, se dio cuenta que otra figura encapuchada y jalonada de cadenas, y portando una capa oscura que tiempo antes pudo ser una capa arcana, esperaba en el quicio de la puerta a ser recibido.

- Pasa, no te quedes ahí…

- Si, Maestro….

De repente, cambiando de actitud, el señor M  preguntó pretendiendo no parecer interesado:

- ¿Por qué continuas llamándome “Maestro”? Somos iguales hace desde hace ya mucho tiempo, y el alumno era más avanzado que el maestro desde el inicio.

La figura avanzó con paso solemne y sus cadenas parecían seguir esa cadencia de forma natural. Al sentarse en una refinada silla de madera, contestó:

- No es del todo cierto, yo  he tenido mucho más tiempo para aprender e instruirme…, además, cuando nos conocimos eras ya un aspirante al liderazgo de esta “organización”... y prefiero que me llames como lo hacían los de antaño: Couger.

- Bien, después de esta revelación – dijo procurando mantener la mayor de las desidias – vamos a otros asuntos de mayor interés: ¿Qué novedades traes?- El señor M era un hombre pragmático y sus intereses comunes los habían unido pero ambos sabían que no duraría para siempre.

Dos llamas de curiosidad brillaron en sus ojos,  y desde la capucha parecieron volverse muy pequeñas, como queriendo escrutar esa actitud, pero casi inmediatamente, obviando esa postura, respondió:

- Tal como queríamos, la noticia de una Congregación de Demonios de todos los Panteones se ha diseminado muy rápidamente entre los Susurros adecuados…, y más aún después de saber que la Reunión entre Dioses que ha propuesto Amaterasu ha fructificado.

- Excelente, con esa noticia, la adhesión a nuestra Causa será más sencilla…

De repente, una forma reptiliana salió de entre las sombras de la habitación y, de forma torpe, se acercó al que ostenta el grado de “Maestro”.

- No es posible, con estas temperaturas deberías estar hibernando... Entonces intentas avisarme de…-

Sin terminar la frase, un estruendo de pisadas apresuradas se oyó más allá de los bosques que rodean los muros del Castillo. Y cada vez más cerca.

Poniéndose un jubón de pieles y tomando un zurrón con un símbolo de poder, se encaminó a salir de sus aposentos hacia la entrada Principal.

Couger, haciendo restallar sus cadenas, desapareció de la habitación.

Al salir a través de la pequeña puerta del Portón Frontal pudo ver una enorme figura de color azulado se dirigía a grandes pasos hacia su localización. Al momento, Couger apareció en los límites de la fortaleza, como si de un rayo se tratara; su velocidad asombraría a cualquiera que lo hubiera visto.

La descomunal figura se detuvo, como si algo lo retuviera…, puesto que así era. Una cúpula cristalina se formó alrededor de todo el perímetro exterior de las murallas, una defensa arcana que sabiamente colocaron sus acólitos por orden de su Mentor, ante lo que se avecinaba. El poderoso Mago parecía coordinar tal prodigio, desde su posición del pórtico, mostrando signos evidentes de fatiga.

Al verse detenido, el Gigante enarboló una maza gigante y la hizo golpear contra la cúpula. La estructura resistió el primer envite, pero unas grandes vetas que nacían del punto de impacto no hacían presagiar nada bueno. De la boca del señor M comenzó a brotar sangre, pues la defensa iba ligada a su propia esencia para ser mantenida.

Tras el segundo empellón, viéndose toda la defensa mágica superada por la incalculable fuerza, se desvaneció en un amasijo que aparentaban unos cristales rotos.

Tras un gruñido de insatisfacción, gritó:

- Soy Ymir, descendiente del Gran Ymir, uno de los últimos Gigantes de Hielo… ¿¡Cómo osas oponerte a mí, insignificante humano!?...

Después de esto volvió a elevar su arma con intención de aplastar a su oponente, el cual estaba rodeado del fuego de Cthugha y se afanaba en poder sobrevivir ante este Demonio Nórdico, con lo que parecía su última oportunidad de sobrevivir.

Couger, entonces, se planto ante el gigante sin miedo alguno, como si supiera algo que los demás desconociesen. El demoniaco ser pareció sorprendido, pero de inmediato fijó su nuevo objetivo a destruir sin piedad.

En ese instante, con una orden del encapuchado ser, y con los ojos incendiados de un color naranja, unas extrañas cadenas surgieron del suelo rodeando al formidable monstruo hasta formar una jaula estrecha que le dejaba en una posición totalmente recta y con los brazos alzados. Al verse atrapado, profirió un rugido gutural e intentó romper dicha celda de aspecto medieval.

Sin tiempo para que un grupo de lugartenientes ayudaran a su malogrado Jefe, el sonido de unos aplausos solemnes iban resonando de entre la cortina de nieve…, y parecían apaciguar la tormenta…

Una risueña figura se acercaba andando por la nieve, aplaudiendo y, al llegar a la altura del grupo de gente, dijo en tono socarrón:

- No me habéis decepcionado en mis expectativas…, incluso me han sorprendido gratamente vuestras dotes…

- ¿Qué quieres de nosotros, Loki, hijo de Odín? – espetó escupiendo algo más de sangre- ¿Es acaso esto una prueba de valía? – prosiguió entre estertores el Gran Maestre.

Sin intención de responder, pensó en voz alta:

- Mmmmm…, interesante. Muy interesante…, tan fuerte como Gleipnir y sin embargo más similar a Droma…- mientras observaba el material del que estaba hecho el Ataúd de Tortura que conseguía contener a la inmensa criatura. Luego, prosiguió:

- Llevo un tiempo observándoos y, desde mi desafortunada pérdida en la Ciudad de la Niebla y viendo que hasta un pajarraco es capaz de hacerme “variar” mis propósitos, me he propuesto adaptarme a los nuevos tiempos y no desdeñar ninguna de las oportunidades que se me aparecen…

- Si es así, te sugiero que acudas al lugar y fecha convenida…- jadeó-  y podrás añadirte al plan…, si lo conoces, claro…

- Allí acudiré, o no…, no te molestes en darme la clave de entrada, ya la descubriré…, si es que no la conozco ya…- Loki hizo un gesto a Couger, como quien espera que algo ocurra, y las cadenas dejaron de apresar al gigante de hielo.

- Adiós- Esa fue la fría despedida del Dios Nórdico, mientras el sol aparecía entre las oscuras nubes y los dos seres se esfumaban entre la niebla.

Tras unos instantes de silencio, todos volvieron al Castillo con un mismo pensamiento: Convencer al Dios del Engaño con su propio juego… Magnífico…, aunque demasiado peligroso…