Vuelta al trabajo

Vuelta al trabajo

de Fernando Arsuaga

Hefesto-CMYK

La tarde comenzaba a marchitarse cuando el silbato de la fábrica marcó el cambio de turno de tarde y el principio del turno nocturno. El edificio de esta antigua Compañía familiar parecía desperezarse al verse el ajetreo de entrada y salida de trabajadores. Pero había algo distinto desde la formación del conglomerado metalúrgico llamado Mytilineos Holdings…, se respiraba un ambiente más apagado, sombrio… Era el resultado de una necesidad que planteó la fusión con tantas otras pequeñas empresas de la industria metalúrgica: La competitividad.

El trabajo antaño hecho con mimo y satisfacción, desde unos trabajadores que eran “cómo de la familia”, se convirtió en una fea y grotesca aberración de dobles turnos, empleados asfixiados por la presión empresarial y rebajas en la calidad de los materiales…

Cedalión, conocido como Celas, sabía de esta situación y no la aceptaba de ningún modo…, es más, con la crisis, había incluso liderado las protestas en contra de más recortes en una industria que no podía “apretarse el cinturón” más de lo que lo había hecho…

…pero la tarde se presentaba distinta, se habían oído rumores sobre un cambio de liderazgo en el grupo empresarial, un soplo de aire fresco con nuevas ideas para revigorizar la producción sin dejar caer la calidad, cómo hasta ahora…Se le presentaba la oportunidad de mejorar las condiciones de trabajo y los estándares de calidad ante un nuevo jefe, con la esperanza de volver a tiempos mejores, y eso le volvió a dibujar una tímida sonrisa en su desacostumbrado semblante gris…

 

DÍAS ANTES…

 

El despacho era bastante amplio, MUY ostentoso y con la búsqueda de la pomposidad ante todo. Todo estaba jalonado de galardones de las antiguas empresas que formaban el grupo, cogiendo polvo del olvido por glorias pasadas… Unas volutas de humo rodeaban el sillón de detrás del escritorio, como protegiendo a la persona que estuviera en ese lugar sentada. Al oír el gozne de la puerta, se giró el orondo presidente y mostró una sonrisa burlona.

- “Pasa, no te cortes, estás en tu casa”.

Una figura recia y firme avanzó por el despacho hasta colocarse delante del escritorio, sus pasos resonando de forma asimétrica, intentando disimular una antigua dolencia en una pierna.

- “He venido a por tu compañía, Giorgios. No te puedes negar”.

La figura terminó de darse la vuelta, asombrada, puesto que ésta no era la visita que esperaba. Dio una mirada escrutadora a la persona que esta ante él y sólo pudo decir, algo irritado: - “¿Con quién crees que estás hablando?”

- “Con el inepto que está deshonrando a una industria antes muy prolífica, que ha rebajado el arte de moldear el metal a un simple juego de números vacio, un ser despreciable entre los suyos…”, respondió en un tono aún más iracundo.

Ante esta afirmación, golpeó con su puño en la mesa, haciendo caer el puro que estaba fumando y espetó a su intercomunicador, pulsándolo con violencia: - “¡¡¡LLAMA A SEGURIDAD!!! Que se lleven a este lisiado loco mientras espero una visita importante de un posible nuevo socio y…”

Antes de que pudiera acabar la frase, de su boca comenzó a salir un líquido humeante y rojo, parecido a la lava, que ahogo cualquier otro sonido y le hizo caer muerto entre horribles estertores ante el visitante, que veía impasible la escena. Mientras se terminaba de calcinar ese amasijo de carne maloliente que antes era una persona, miró con desprecio diciendo:

- “Estúpido mortal, nadie se opone a la voluntad de un DIOS…”

 

UN MES DESPUÉS…

 

Celas estaba inquieto. Su petición para hablar con la nueva gerencia le había resultado muy sencilla. Traía un maremágnum de papeles, bocetos, planos…, así como varios cedés y un ordenador portátil algo obsoleto.

Los primeros reajustes en las fábricas le parecían el camino correcto, estaba entusiasmado con el aumento de productividad y la rebaja de los horarios, la espada de Damocles de un ERE había desaparecido por completo y habían recuperado los retrasos salariales de hace un año.

Pero Celos seguía inquieto, la idea de unas consecuencias de todo esto le incomodaba… Tenía que tener truco, nadie mejora una empresa tan rápido desde la legalidad… Ese pensamiento le hizo estremecerse.

Con una voz temblorosa, anunció su presencia a la secretaria. Ésta, a su vez, comunicó por un interfono que ya había llegado la cita de las 18h. Lentamente, Celos, pasó la puerta cada más abierta en dirección al nuevo Presidente del holding empresarial. Intentando parecer más tranquilo, avanzó con pasos firmes y seguro, dejando todo lo que llevaba sobre una mesa supletoria, que parecía puesta a propósito para tal efecto.

- “Buenas tardes, soy el representante de los trabajadores y antiguo gerente de la fábrica de…” pero fue interrumpido.

- “No te preocupes, Cedalión. Sé quién eres y lo que has hecho a favor de la industria del metal, a pesar de la adversidad. Te he llamado para que ocupes TU LUGAR en el mundo, es decir, para que seas mi ayudante personal en el gran trabajo que estoy realizando”

Con la emoción no se había fijado, pero Celas se dio cuenta que este despacho era MUY extraño… La zona donde estaba un gran escritorio, se veía ahora como una zona de trabajo manual, con su forja y su yunque, usados pero bellísimamente ubicados y forjados. Al fondo, los premios polvorientos se transfiguraban en una reserva de armas gloriosas colocadas de forma funcional y a la vez ornamental, jalonando la pared. Los tabiques y el techo parecían ahora expandirse hasta tomar las dimensiones de toda una planta industrial.

- “Eres el primer mortal al que permito observar este lugar en su verdadera forma, con lo que deberías sentirte halagado…, tanto tú como tus antepasados…”

Con una mezcla de ilusión infantil y asombro, comenzó a unir pensamientos y rebuscó por su pecho un colgante familiar, que había pasado de generación en generación desde hace tantos años que ni su tatarabuelo se acordaba. Recordó la historia de ese colgante de bronce, que obtuvo de su padre cuando alcanzó la mayoría de edad y, sin querer, comenzó a balbucear el final de ese, que hasta ahora pensaba, cuento infantil: -“…y dado que eres descendiente de forjadores y moldeadores del metal, tuya es la bendición de Hefésto imbuida en este medallón, para lograr lo que requieras de ellos, sin temor al fuego surgido de su concepción, hasta el momento que seas requerido a la Gran Fragua de los Dioses.”

Ante esas palabras, la persona que hablaba con él adquirió dimensiones descomunales y el aspecto de un herrero griego de hace varios siglos, y con voz profunda continuó:

- “…y he ahí que deberás hacer honor a esa promesa, realizada hace muchos siglos, para crear instrumentos ante esta Guerra que se avecina”